1. Características de la teoría

La teoría de la personalidad rogeriana sobresale por su simplicidad, y por su íntima conexión con la experiencia clínica. Es fruto de las experiencias de Carl Rogers, quien, por otra parte, no la concibe separada de ellas.

 «No hay necesidad de una teoría hasta que, y a menos que, existan fenómenos que explicar. Limitando nuestra consideración a Ia psicoterapia, no hay ninguna razón para formular una teoría de la terapia hasta que haya cambios observables que requieran una explicación. Entonces es útil una teoría unificadora para explicar lo que ha sucedido y para adelantar hipótesis probables acerca de futuras experiencias. La teoría se revisa y se modifica con el propósito —nunca plenamente alcanzado— de proporcionar un marco conceptual completo que pueda abarcar adecuadamente todos los fenómenos observados. Lo básico son los fenómenos y no la teoría» (54, pág. 29).

Rogers funda su teoría en la empatía, en la observación del fenómeno. Es un observador paciente de la realidad. Como tendremos ocasión de ver, muchas de sus hipótesis más importantes surgirán de la escucha paciente de las grabaciones de las entrevistas con sus clientes. En esto, Rogers es fiel a su tradición científica basada en la observación naturalista. Y esto hace que la teoría de Rogers sea el polo opuesto a una teoría dogmática. Está siempre abierta a los nuevos datos, y por tanto, al cambio. La teoría de la personalidad resultante de esta actitud científica de Carl Rogers es una teoría eminentemente práctica y sobre todo dinámica. Está preocupada principalmente por el cambio de la personalidad, y no por las estructuras fijas y estáticas. Como decía Rogers en 1947: 

«Si tomamos la otra proposición de que el "sí mismo" en condiciones adecuadas es capaz de reorganizar, en cierta medida, su propio campo perceptual, y, de este modo, cambiar la conducta, también esto parece suscitar interrogantes inquietantes. Seguir el curso de esta hipótesis parece que significa cambiar el acento en psicología, pasando de un interés por el carácter fijo de los atributos de la personalidad y de las capacidades psicológicas, al cambio de estas mismas características. La atención se concentraría en el proceso, más que en un estado fijo. Mientras que, en el estudio de las personalidad, la psicología se ha ocupado principalmente en la medida de las cualidades fijas del individuo, y de su pasado con vistas a explicar el presente, la hipótesis aquí sugerida parecería interesarse mucho más por el mundo personal del presente en orden a comprender el futuro, y por la predicción de que los principios por los cuales cambia la personalidad y la conducta influirán en dicho futuro» (39, pág. 367-368).

La teoría de la personalidad de Carl Rogers es una teoría del cambio de la personalidad. Trata de explicar el desarrollo experimentado en la clínica. De ahí su carácter incompleto. En primer lugar, se limita a la experiencia de una sola terapia: la terapia centrada en el cliente. En segundo lugar, no intenta definir los rasgos o estructuras fijas de la personalidad humana, sino el fenómeno del cambio. Por tanto, no pretende ser una teoría completa y acabada.

Dentro de estas limitaciones, la teoría está construida conforme a los cánones de la ciencia empírica, y descansa sobre dos grandes líneas teóricas: la fenomenología, y las teorías organicistas de la personalidad. Rogers la caracteriza en los siguientes términos: 

«Este capítulo ha intentado presentar una teoría de la personalidad y de la conducta congruente con nuestra experiencia e investigaciones en la terapia centrada en el cliente. Esta teoría es de carácter básicamente fenomenológico y se basa ampliamente en el «concepto del sí mismo» como construcción explicativa. Describe el punto final del desarrollo de la personalidad como una congruencia básica entre el campo fenoménico de la experiencia y la estructura conceptual del «sí mismo», situación que, si se logra, significa librarse de tensión y ansiedad internas, y librarse de tensiones potenciales; representa el grado máximo de una adaptación orientada realísticamente; el establecimiento de un sistema de valores individualizado, parecido en grado considerable al sistema de valores de cualquier otro miembro de la raza humana igualmente bien adaptado» (54, pág. 450).

Pero en su aspecto formal, la teoría presenta dos formulaciones distintas. La primera es la ya mencionada de 1951, adosada al final del libro «Terapia centrada en el cliente» (54). Está expuesta en forma de proposiciones «con el objeto de presentar las ideas lo más claramente posible, y facilitar la captación de defectos o incoherencias» (54, pág. 410). Representa un esfuerzo teórico considerable y está muy influida por la teoría fenomenológica de Snygg y Combs (472).

La segunda versión publicada en la obra de S. Koch (92) es mucho más sintética y cuenta con un vocabulario más preciso y con unas definiciones de los constructos mejor elaboradas. Está formulada, además, de modo mucho más dinámico en función del desarrollo de la persona —y no en forma de proposiciones estáticas— y además puede verse en ella la influencia del pensamiento existencial.

Ambas versiones serán utilizadas en nuestro estudio, el cual va a comenzar por el «concepto del sí mismo». Después trataremos de las nociones más importantes de la teoría, especialmente de la del campo fenoménico, tendencia actualizante del organismo, sistema de valoración, para pasar después a estudiar la dinámica y desarrollo de la persona humana tal como la concibe la teoría.

Indice:

Acerca de este documento:

Autor: José M. Gondra Rezóla. "La psicoterapia de Carl R. Rogers. Sus orígenes, evolución y relación con la psicología científica" Capítulo V. Ed. Desclie de Brouwer, 1981.