2. El «concepto del sí mismo»

La teoría de la personalidad de Carl Rogers está construida en torno a este concepto fenomenología, el cual constituía también el quicio de su concepción del proceso terapéutico. «La abstracción que llamamos «sí mismo» —dirá Rogers en 1959— es uno de los constructos centrales de nuestra teoría» (92, pág. 200).

En el capítulo anterior vimos la génesis de esta noción teórica. Rogers partió de una observación clínica: las alusiones de los clientes a sí mismo durante la terapia. Elaboró un método simple de comparar las expresiones verbales relativas a uno mismo y comprobó —influido indudablemente por el trabajo de Raimy— la estrecha relación existente entre la conducta y este tipo de perceptos. En 1947 propuso al concepto del sí mismo como factor primordial en la determinación de la conducta, lo concibió como imagen fenoménica de uno mismo y lo dotó de una capacidad de reorganizarse. En consecuencia, el proceso terapéutico quedó centrado en esta configuración o Gestalt de percepciones relativas a uno mismo. Pero la definición operativa del término no llegó hasta 1950. Nuestro estudio comenzará en este momento.

La definición del concepto del sí mismo

La abundancia de la evidencia empírica relativa a los cambios operados durante la terapia en las actitudes de las personas para consigo mismas, en las percepciones de sí mismas, y en su conducta, «nos ha llevado a intentar formular una teoría que incluya estos hechos, una teoría que supone el uso del constructo teórico llamado «sí mismo» (48, pág. 379), dice Carl Rogers en el artículo en el cual define por primera vez al «concepto del sí mismo».

Este constructo es una noción eminentemente fenomenológica. No es un agente interno, como podría ser el ego freudiano, ni un «arquitecto de sí mismo», como se nos dijo en 1947; Es el «concepto de sí mismo, o el sí mismo como objeto percibido dentro del campo perceptual (48, pág. 379). Es el conjunto de percepciones o imágenes relativas a nosotros mismos.

La definición operativa del mismo es la siguiente: «La "estructura del sí mismo" es una configuración organizada de las percepciones del sí mismo que son admisibles a la consciencia. Se compone de elementos tales como las percepciones de las propias características y capacidades; los perceptos y conceptos de sí mismo en relación con los demás y con el medio; las cualidades de valor que se perciben como asociadas con las experiencias y con los objetos; y las metas e ideales que se perciben como poseyendo valor positivo o negativo. Es, por tanto, la pintura organizada existente en la conciencia, bien como figura, bien como fondo, del sí mismo y del sí mismo en relación, juntamente con los valores positivos o negativos asociados a estas cualidades y relaciones, percibidos como existentes en el pasado, presente y futuro» (48, pág. 379).

Las características principales de este self fenoménico, tal como aparece en la definición rogeriana son los siguientes:

  1. Es consciente: sólo incluye aquellas experiencias o percepciones conscientes, es decir simbolizadas en la conciencia. Las experiencias inconscientes quedan excluidas del mismo. La necesidad de brindar una definición operativa, y por tanto susceptible de medición, parece constituir una de las principales razones que le llevan a Rogers a concebir el self en términos conscientes. Si incluyera dentro de sí elementos inconscientes, y, por tanto, inverificables, no sería ya una noción operativa.
  2. Es una Gestalt o configuración organizada, y en cuanto tal se rige por las leyes de los campos perceptuales. Este carácter de totalidad organizada sirve para explicar las grandes fluctuaciones en los sentimientos o actitudes hacia sí mismo, observadas en los pacientes. Tales cambios, tal como lo demuestran los trabajos empíricos de los rogerianos, especialmente Curram (266) y Raimy (426), son bruscos y repentinos: «en los casos individuales… puede haber grandes fluctuaciones de una entrevista a otra en las actitudes relativas al «sí mismo». Después de un ligero incremento de las actitudes positivas, puede darse un gran predominio de las negativas…» (48, pág. 375).
    Concibiendo al sí mismo como organización, estas fluctuaciones reciben una explicación y sentido. Cuando la organización es sólida y estable, bien por incluir todas las experiencias del sujeto o bien por estar organizada de un modo defensivo, entonces las actitudes serán positivas. Pero si se rompe la organización, entonces el sí mismo es experimentado como inconsistente y poco firme, y las actitudes hacia él cambiarán y se harán negativas. Las fluctuaciones serán muy abundantes mientras la organización no vuelva a ser estable, y sólo cesarán cuando se logre una nueva organización. En 1959 Rogers se refiere a esto con las siguientes palabras: «La consideración de este fenómeno nos llevó a pensar que no estábamos tratando con una entidad de lento crecimiento, de aprendizaje gradual, de miles de condicionamientos unidireccionales. Todo esto podía incluirse, pero el producto era claramente una gestalt, una configuración en la que el cambio de un aspecto insignificante podía alterar totalmente la configuración global. Nos vimos obligados a recordar el ejemplo favorito de una gestalt, tal como es propuesto en los libros de texto, el dibujo ambiguo de Ia vieja y la joven. Mirado desde un punto de vista, el dibujo es claramente el de una vieja. Con un ligero cambio, se convierte en el retrato de una joven atractiva. Lo mismo sucedía con nuestros clientes. El «concepto de sí mismo» era de naturaleza claramente configuracional» (92, pág. 201).
  3. Contiene principalmente percepciones de uno mismo, así como también valores e ideales. En esta enumeración de los elementos comprendidos por la noción influyen indudablemente los trabajos de investigación de los rogerianos, especialmente los de Sheerer (452) (453) en los cuales se ofrece una definición operativa de la aceptación de sí mismo que incluye las normas o valores de la persona.

Esta definición del «concepto de sí mismo» permanece sin alteraciones substanciales a lo largo de todas las fases del pensamiento rogeriano, y en cierto sentido puede considerarse como definitiva. Constituye una aplicación concreta de la teoría fenomenológica adoptada por Rogers para la elaboración teórica de la personalidad.

Indice:

Acerca de este documento:

Autor: José M. Gondra Rezóla. "La psicoterapia de Carl R. Rogers. Sus orígenes, evolución y relación con la psicología científica" Capítulo V. Ed. Desclie de Brouwer, 1981.

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