Análisis desde “La muerte en Venecia” de Thomas Mann

3 trasmutaciones psíquicas: análisis desde “La muerte en Venecia” de Thomas Mann

Un “Golpe” de experiencia puede traer efectos psíquicos imponderables y, a veces, definitivos. En esta oportunidad trataremos de analizar estos cambios mediante tres movimientos o “trasmutaciones psíquicas”, conceptualizando el proceso con la ayuda de una joya literaria: La Muerte en Venecia, de Thomas Mann.

Este análisis puede ser extensivo a múltiples patologías existenciales, entre ellas los Trastornos de la personalidad, que se caracterizan por generar un malestar clínicamente significativo, cambio en la cognición, la afectividad y el funcionamiento interpersonal que lleva al deterioro social (DSM V, 2014).

La historia del viejo Gustav Aschenbach, el artista consagrado, es el relato de las vidas que llegan tarde a la búsqueda del horizonte en la vida. Han buscado donde no debían, y con ello llegaron a un lugar circular, cerrado. En donde el ritmo de la vida semeja a la humedad de una roca.

Evolutivamente predica la psicología que esta búsqueda tiene lugar en la adolescencia, pero nada más inexacto, pues el horizonte trazado en la aurora de la vida, puede ser la imposición de mandatos sociales o de tretas hereditarias, que muchas veces no tienen que ver con la búsqueda que queda abierta hasta el fin de los días.

En medio de su adultez madura y sosegada, nuestro personaje decide dar paseo de verano por la bella Venecia, que era en ese tiempo el centro vacacional de la burguesía europea, pero a mitad de su paseo aparece una curiosidad que choca con sus cánones subjetivos, con la historia de su familia y el abolengo de sus parientes.

De acuerdo con su trabajo la grandeza de su genio había sido construida con trabajo y disciplina, y contra de toda veleidad moral ya que esta ennegrecía el alma. Por el contrario, sus héroes triunfantes bebían de la gloria en el momento final cuando eran traspasados por la lanza y la espada. Este evento inesperado y pavoroso fue la admiración por la belleza de un mozalbete chiquilín: Tadrio, a quien observaba una mañana así:

Sobre el cuello, que ni siquiera combinaba muy elegantemente con el traje, descansaba de manera incomparablemente encantadora la cabeza bella, la cabeza de Eros, de color de mármol de Paros, con sus cejas finas, sus sienes y sus orejas suavemente sombreadas por el marco de sus cabellos. Mann. 1983.

La primera trasmutación psíquica, puede ser entendida bajo la figura inicial de la ambivalencia, en donde coexisten sentimientos opuestos (amor-odio; seguridad-duda), que se relatan en la novela como pensamientos recurrentes y obsesivos, sueños y mirada lacónicas al objeto de su atención. La función de este primer viraje es sumir al hombre en la insatisfacción de su yo y su historia.

Era el deseo de huir de su obra, del lugar cotidiano, de su labor obstinada, dura y apasionada. Cierto que la amaba y que casi amaba ya también la lucha renovada todos los días, entre su voluntad orgullosa y terca, probada ya muchas veces, y aquel agotamiento creciente que nadie debía sospechar. Mann, 1983.

Son afectos inconscientes que se hacen conscientes sin una representación, por lo tanto, generan angustia (Freud, 1914) Otra opción de esta primera etapa, es la aparición de un sentimiento de un desasosiego perplejo. Desde el fondo del ser empiezan a germinar ideas acompañadas de cambios de humor que han estado reprimidas por muchos años, mediante múltiples justificaciones o racionalizaciones. En la historia de nuestro querido artista se describe así:

Aschembach, con las manos cruzadas sobre sus rodillas, miraba hacia el exterior, satisfecho de volver a verse allí, moviendo tristemente la cabeza y pensando en su indecisión, en su desconocimiento de sus propios deseos. Así estuvo sentado, descansando y pensando sin objetivo fijo durante una hora. Mann. 1983.

La segunda instancia de dicha transformación se puede entender desde el psicoanálisis como una formación reactiva en donde la realidad psíquica aparece como un efecto del deseo reprimido, que poco a poco pasa a formar parte del carácter del individuo (Laplanche, 2004, p. 186), y esta segunda instancia puede modificar patrones subjetivos, ya que ejecuta cambios decisivos en el universo de sentido del individuo, y aparecen de la forma más natural:

Estaba muy cerca de Aschenbach, por primera vez; tan cerca, que podría verlo, no a distancia, como en los cuadros, sino observándolo de cera en sus menores detalles humanos Alguien le había hablado, y el respondía con una sonrisa de indescriptible simpatía. Mann. 1983

A la mañana siguiente fue cuando, a punto ya de dejar el Hotel, vio desde la escalera que Tadrio se dirigía solo a la playa. El deseo, el sencillo pensamiento de aprovechar la ocasión para trabajo alegremente conocimiento con aquel que, sin saberlo, le había conmovido y agitado tanto, de hablarle y gozarse en su contestación en su mirada, surgió en él de un modo natural. Mann. 1983

Para este momento Tadrio apareció ante los ojos de Aschenbach como un sentimiento exacto. Una realidad que motivaba sensaciones y deseos racionales. Era una pasión por el deseo por el que podría sacrificar su alma; al mismo tiempo un guiño de los dioses griegos quienes teofanos se habían se manifestado mediante una forma bella.

En aquel momento se había adueñado del solitario una de estas vibrantes ideas, uno de estos sentimientos precisos: el sentimiento de que la naturaleza se estremecía de goce cuando el espíritu se inclinaba en homenaje y reverencia ante la belleza. Mann. 1983

Ahora la elaboración mental estaba enlazada a su nuevo objeto de deseo. La representación consciente cobraba vigor y se hacía más y más fuerte, y esta nueva sensación daba sentido a su experiencia subjetiva.

Antes de la tercera y ultima trasformación, estudiemos las características de la Venecia de nuestra novela, para que el lector pueda ponderar la fuerza de la psiquis cuando ella determina un cambio de rumbo. El clima de la Venecia de Aschenbach era marmóreo y pestilente. Cargado de rumores y miedo.

En él se mezclaban los olores pútridos de aguas estancadas que corrían a poca velocidad entre los canales de la ciudad, con el Siroco del mediterráneo. La ciudad estaba contaminada con la peste y los funcionarios del gobierno sacaban los cadáveres por la noche con la precaución de no alterar la opinión pública, para no desmantelar el paraíso turístico.

Ante este panorama, nuestro querido artista decidido abandonar la ciudad, sin poderlo hacer porque fue arrastrado por el deseo irracional de enfrentar lo ominoso de su verdad. Ante la exaltación mística en que se veía imbuido en momentos de goce no podía tomar decisiones. Incapacidad que lo llevo a un cruel desenlace.

La tercera y última trasformación viene después de luchas subjetivas que lo llevaron a la recriminación en las sombras, y la vergüenza de su resplandor en los espejos. El encuentro con lo imaginario y lo prohibido lo llevo a fustigar su alma.

Un deseo imposible por su pasado aristócrata que condenaba todo lo abyecto por considerarlo inmoral, era un peso que no podía soportar. Escondió de su propia sombra tomo una decisión augurando un final:

¨Aschenbach, cómodamente arrellanado, incapaz de resistencia, excitado más bien y lleno de esperanza ante lo que le acontecía, veía en el espejo que sus cejas se enarcaban más pronunciadas y más uniformes, que sus ojos se le alargaban aumentando su brillo en virtud de unos pequeños toques de pintura en el párpado inferior; veía que hacia abajo, allí donde la piel había tomado un tinte sombrío de cuero, aparecía un carmín delicado; sus pálidos labios se coloreaban como fresas, mientras los surcos de las mejillas y la boca, las arrugas de los ojos, desaparecían bajo la crema. ¨ Mann, 1983, 132.

Con esta transformación vino el olvido de sí. Siguieron búsquedas incansables. Miradas perdidas entre los pórticos o escondido entre las paredes. Esos pasos con que perseguía a su amado se trocaron con silencios y vacíos, hasta que un día se encontró perdido.

De entre los vacíos salía y entraba. Vientos marmóreos y pensamientos oscuros sobre la vida terminaban con sus días. Un día, mientras se preguntaba lo mismo, mirando a su amado a través del rayo de sol que palidecía sobre el mar, y entre la brisa que con la que se alejaba el tiempo, la muerte enamorada cayo sobre su alma y cerro sus ojos.

Por lo tanto, desde la Muerte en Venecia el maravilloso Thomas Mann, nos llega un mensaje esencial sobre la existencia, quizá velado para muchos, quizá muy claro para otros: luego del encuentro con lo esencial de la vida, es decir del olvido de lo reprimido y la vivencia del fin de las barreras psíquicas solo hay dos caminos: el renacer, o la muerte.

Bogotá. Febrero de 2019.

Referencias bibliográficas

  • DSM V. 2014: American Psychiatric Association
  • Freud, S. 1914. Lo inconsciente.
  • Mann, T. 1983. La muerte en Venecia. Colombia: La oveja negra.
  • Laplanche J, Pontalis J. 2004. Diccionario de Psicoanálisis: Paidós.

Autor: Diego González: Psicólogo, IUE -Institución Universitaria de Envigado. Colombia. Correo: rdferal@gmail.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *