Los 9 mecanismos neuróticos de defensa en terapia Gestalt

Los 9 mecanismos neuróticos de defensa en terapia Gestalt
Los 9 mecanismos neuróticos de defensa en terapia Gestalt

El neurótico es aquella persona sobre la cual la sociedad actúa con demasiada fuerza, o aquél que trata de influir de forma destructiva sobre los demás sin respetar su individualidad.


Su neurosis es una maniobra defensiva u ofensiva para protegerse de la amenaza de ser aplastado por un mundo avasallador, lo que acaba convirtiéndose en su técnica para mantener el equilibrio de la mejor manera que sabe y que aprendió, ya fuera por identificación o por rebeldía.

Mecanismos de defensa en terapia Gestalt:

Perls (1975) indica que hay cuatro mecanismos neuróticos que operan en las perturbaciones del límite de contacto:

  • La introyección
  • La proyección
  • La confluencia
  • La retroflexión

Posteriormente se han añadido otros tres para explicar otras formas de funcionar neuróticas.

  • El egotismo
  • La deflexión
  • La profexión

A continuación, una vez descritos estos 7 mecanismos neuróticos, vamos a añadir dos más provenientes del psicoanálisis (de Sigmund Freud), como son:

  • La racionalización
  • La negación

Aunque en las neurosis las perturbaciones en el límite de contacto se producen principalmente a través de estos mecanismos, no sería nada realista decir que un tipo determinado de neurosis se debe exclusivamente a uno de estos mecanismos aisladamente. Tampoco se puede decir que una confusión con respecto al límite produce neurosis. Evidentemente se producen situaciones que conducen a lo que en psiquiatría se llama neurosis traumática, y que surge como un intento defensivo para protegerse de una situación aterradora o de un fuerte choque ambiental, como por ejemplo en las guerras, o en una situación determinada como sería la que experimentaría un niño pequeño al ser encerrado por sus padres en un lugar oscuro durante unas horas o incluso durante toda una noche.

Sin embargo, las perturbaciones neuróticas no se producen de forma tan radical y dramática, sino que más bien se van produciendo paulatinamente, siendo las interrupciones y las interferencias con el proceso de crecimiento, así como las situaciones carenciales más o menos continuadas y de peligro, las que van socavando o rigidizando los límites. Estas conductas, que el niño va aprendiendo y creando, se irán haciendo cada vez más rígidas si él cree que son las más adecuadas para sobrevivir y para realizar los intercambios con los adultos.

La introyección en psicología Gestalt

El ser humano crece mediante el ejercicio de la capacidad de discriminar, de diferenciar, de elegir y de actuar para satisfacer sus necesidades. Esto se consigue mediante el intercambio continuo entre el organismo y el ambiente, lo cual puede verse distorsionado, en cuyo caso resultaría afectado su buen funcionamiento.

Es fácil observar el proceso de crecimiento mediante la desestructuración, la digestión y la asimilación desde el punto de vista fisiológico. Crecemos y nos mantenemos vivos mediante los alimentos que masticamos y digerimos. El alimento físico, una vez digerido y asimilado, pasa a formar y a ser parte de nosotros mismos, convirtiéndose en huesos, músculos, sangre. Aquellos alimentos que tragamos o engullimos, no porque queremos sino por obligación o por cualquier otra causa, permanecen pesadamente dentro del estómago provocándonos incomodidad, deseos de vomitar y ganas de expulsarlos de nuestro interior. Si reprimimos nuestras náuseas y deseos de deshacernos de ellos, entonces logramos finalmente digerirlos dolorosamente; a veces nos intoxican, llegando al empacho o al cólico.

El proceso psicológico de la asimilación es muy parecido al proceso fisiológico. Así, por ejemplo, los conceptos, patrones de conducta, valores morales, éticos, estéticos, políticos, etc., proceden todos del mundo exterior. Y no parece que haya nada que, de algún modo, no proceda del ambiente, como tampoco hay nada en el ambiente para lo cual no haya una necesidad organísmica, ya sea ésta física, fisiológica o psicológica.

Sin embargo, todos estos conceptos o valores tienen que ser digeridos para convertirse en propios, en partes nuestras integradas y que formen parte de nuestra personalidad. Pero si sencillamente aceptamos todo sin críticas, si aceptamos las palabras de los otros, ya sea por deber o por ser de buen gusto o educación, entonces permanecen pesadamente en nosotros como los alimentos sin digerir; continúan siendo cuerpos extraños aunque estén en nuestras mentes y en nuestras conductas. A estos modos de actuar: actitudes, ideas, juicios o evaluaciones sin digerir se los llama introyectos, y el mecanismo mediante el cual estos cuerpos extraños se agregan a la personalidad se llama introyección.

A veces este proceso de tragar todo entero tiene cierta utilidad. Tenemos el caso del estudiante que la noche anterior a un examen traga conocimientos apresuradamente para sacar una nota aceptable. Pero si piensa que ha aprendido algo de su estudio forzado es una ilusión, ya que si se le pregunta seis meses más tarde no recordará nada de ello, porque habrá olvidado, podríamos decir, casi todo, en ese tiempo.

El peligro de la introyección es doble: primero, porque la persona que introyecta nunca tiene la oportunidad de desarrollar su propia personalidad, ya que está muy ocupada reteniendo los cuerpos extraños alojados en su sistema. Y, en segundo lugar, porque la introyección contribuye a la desintegración y a la alienación de la persona. Si uno se traga dos conceptos incompatibles, se encontrará interiormente en conflicto y hecho pedazos tratando de reconciliarlos. Ésta es hoy en día una de las experiencias que más frecuentemente se dan en los seres humanos. Así se reciben mensajes contradictorios, actitudes opuestas, valores en contradicción, etc.

Esto queda demostrado de manera bien patente en la actual crisis de conciencia, de ruptura de valores, sin que sean sustituidos por otros más congruentes y que sean suficientemente satisfactorios para la forma de vida de cada individuo. Creemos que la proliferación de sectas religiosas, grupos, terapias, etc., tanto en EE.UU. como en otros países desarrollados, se debe precisamente a este hecho y a la necesidad de algunas personas de encontrar algo que llene sus vidas o que les dé sentido.

La introyección, como ya hemos dicho, es el mecanismo neurótico mediante el cual incorporamos dentro de nosotros patrones y modos de actuar y de pensar que no son verdaderamente nuestros. Y si durante nuestra infancia es un mecanismo de aprendizaje, ya que el niño utiliza la identificación para el aprendizaje y el crecimiento, la introyección indiscriminada lleva a la neurosis.

Hay algunos ejercicios muy útiles para ver nuestra capacidad de introyectar o asimilar. Consisten en tomarnos el tiempo suficiente para darnos cuenta de cómo comemos, cómo leemos, etc. ¿Comemos apresuradamente, a grandes bocados, o despacio y masticando bien los alimentos? ¿Existe alguna relación entre la forma de comer y la forma de leer? ¿Se traga uno todo lo que lee o aprende? Este darnos cuenta de estas dos funciones tan cotidianas nos puede ayudar a descubrir nuestras actitudes principales ante la vida.

La proyección en psicología Gestalt

Es el mecanismo contrario al de la introyección. Así como en la introyección la tendencia es a hacerse uno responsable de lo que ha hecho el ambiente, la proyección es la tendencia a hacer responsable al ambiente de lo que se originó en uno mismo. El caso extremo de la proyección se da clínicamente en la paranoia, en la que una personalidad altamente agresiva, que es incapaz de aceptar sus deseos y sentimientos, se defiende de la mejor manera que encuentra adjudicándolos a objetos o personas del ambiente. Su idea de que es perseguido es, de hecho, la confirmación de su deseo de perseguir a los otros.

Pero la proyección existe en formas menos extremas. Tenemos que distinguir entre proyección y mera suposición, que sería el caso del jugador de ajedrez que trata de ponerse en el lugar del otro para tratar de ver cuál será la siguiente jugada de su contrincante. En este caso, aunque hay una proyección de lo que él piensa que hará el otro, sabe que eso es sólo una suposición y no algo que se va a dar tal y como él piensa e imagina.

La afirmación que tan continua y cotidianamente oímos de “Me duele la cabeza” es un claro ejemplo de proyección. Tratamos a nuestra cabeza como si fuera algo extraño y ajeno a nosotros, cuando en realidad tendríamos que decir: “Me duele mi cabeza”, e incluso avanzando un poco más en nuestra integración y en nuestra responsabilidad tendríamos que decir: “Me hago doler mi cabeza”.

La proyección es un mecanismo que tiende a desposeernos de aquellas partes de nosotros mismos en donde se originan aquellos impulsos proyectados y negados.

De esta manera, la persona, en lugar de ser un participante activo de su propia existencia, se convierte en un objeto pasivo, víctima de los demás y de las circunstancias.

Una proyección es un rasgo, actitud, sentimiento o conducta que perteneciéndole al sujeto se lo atribuye a otro. Creo que vienen desde el ambiente y desde los otros hacia mí en lugar de ver que es lo contrario, que es algo mío que he adjudicado a otro u otros. Las proyecciones suelen ser características nuestras que rechazamos: agresivas, sexuales, persecutorias, etc., sirviendo este mecanismo para interrumpir la excitación que no podemos aguantar o aceptar. Los celos son una conducta que pertenece a este mecanismo proyectivo. Otra clase importante de proyecciones son los prejuicios: de clase, de género, físicos, intelectuales, etc.

Podemos distinguir dos tipos de proyecciones: las proyecciones negativas, que son los aspectos o características que no me gustan de los demás y que no me gustan de mí, que no acepto como mías y las rechazo insistentemente, y las proyecciones positivas, que son características que me gustan de los demás porque creo que no las tengo.

La confluencia en psicología Gestalt

La confluencia se da cuando la persona y el ambiente se confunden. El sujeto no percibe ningún límite entre él y el ambiente, sintiendo que es uno con él.

Los niños recién nacidos viven en confluencia. No distinguen entre dentro y fuera, ni entre ellos y los otros. Este estado se da en las situaciones de éxtasis o concentración extrema en la gente adulta. No existen límites entre el yo y los otros, entre la persona y el ambiente.

Cuando este estado de identificación es total y crónico, cuando es incapaz de ver la diferencia entre él y el resto del mundo, entonces está psicológicamente enfermo. No puede vivenciarse a sí mismo pues ha perdido todo sentido de sí. No sabe quién es él ni hasta dónde llega; ha olvidado, o quizá nunca supo, qué le diferencia de los demás, y ha perdido la capacidad de verse y percibir sus necesidades, incluso las biológicas.

La confluencia patológica tiene graves consecuencias sociales. En la confluencia se exige la similitud y se niega la tolerancia de las diferencias. A menudo se encuentra esta conducta en padres que consideran a sus hijos como meras prolongaciones o extensiones de ellos, manipulándolos, en este aspecto, para que los hijos hagan y sean según lo que ellos quieren.

Si los hijos se oponen esta manipulación, si no se identifican con las exigencias de sus padres, se encontrarán con su rechazo y con el temor a la alienación: “Tú no eres mi hijo”, “Yo no quiero a un niño tan travieso”, “Si fueras como tu padre o tu madre” y otras expresiones similares. La consecuencia negativa es el miedo a ser.

Mientras no se toleren las diferencias y mientras cada nación o cada persona exija que todas las demás tengan que ser o actuar según un patrón o un punto de vista, el conflicto y la confusión perdurarán. Y mientras las diferencias no sean aceptadas, serán perseguidas. Cuando, precisamente, son las diferencias entre los seres humanos las que nos enriquecen y nos aportan conocimientos y experiencias nuevas.

La retroflexión en psicología Gestalt

Literalmente retroflexión significa “volverse hacia uno mismo”.

Como hemos visto en los epígrafes anteriores, el introyector hace lo que los demás quieren que haga. El proyector hace a los demás lo que él acusa a los demás de hacerle a él. La persona que está en confluencia patológica con los demás no sabe quién le hace qué cosa a quién. Y el retroflector se hace a sí mismo lo que le gustaría hacer a los otros.

El retroflector es el peor enemigo de sí mismo. En lugar de redistribuir sus energías para lograr actuar en el ambiente o promover un cambio en él y manejar la situación de modo que satisfaga cierta necesidad, dirige la actividad hacia sí mismo y se sustituye por el ambiente como blanco de conducta, haciéndose a sí mismo lo que le gustaría hacer a otro. Dirige su energía de forma equivocada, convirtiéndose en el objeto de su acción en lugar de serlo el entorno.

El origen de la retroflexión se encuentra en los castigos infantiles. Cuando un niño trata de influir o actuar sobre su ambiente de un modo que no es aceptado, puede ser castigado física o psicológicamente y, como consecuencia, llega a bloquear la expresión de esa necesidad. El niño, si es tratado así varias veces, para no tener que sufrir nuevas penurias y frustraciones renuncia a la satisfacción de esa necesidad.

De esta situación se pueden derivar dos tipos de conducta posteriormente. Una, en la que el niño aprende a conseguir lo que quiere manejando manipuladoramente el ambiente, y otra en la que se reprime o inhibe, y lo que empezó siendo un conflicto con el ambiente se convierte en un conflicto entre una parte de sí mismo que necesita algo y otra parte que no lo permite. Estaría funcionando la pelea constante entre el perro de arriba y el perro de abajo, entre el opresor y el oprimido.

La retroflexión se manifiesta en el uso del pronombre “yo” cuando realmente quiere significar “ellos” o “tú”. Por ejemplo, el retroflector dice: “Tengo vergüenza de mí mismo”, como si el sí mismo fuera otro diferente al yo mismo. De esta manera el retroflector es aquella persona que continuamente lucha consigo misma. Contra todo lo que ve de sí que no le gusta, o cree que no le gusta al mundo.

El tratamiento de la retroflexión es más sencillo que el de otros mecanismos neuróticos. Sólo hay que cambiar la dirección del acto reflectado desde dentro hacia fuera, pero el temor surge porque la mayoría de las retroflexiones suelen ser agresiones, y es evidente que es más fácil dirigírselas a uno mismo que echarlas hacia fuera, sobre todo en las etapas de la vida de mayor dependencia de los adultos. De esta forma ni hay sentimiento de culpa ni hay miedo a las represalias.

La retroflexión incluye también aquello que uno quiso de los demás, como adulación, comprensión, amor o ternura, y no se atrevió a pedir, porque en alguna ocasión fue desvalorizado, ridiculizado o avergonzado.

Hay tres formas muy importantes de retroflexión: una es la compulsión, en la que uno se obliga de tal modo que se cree que la obligación viene de fuera hacia adentro. Hay veces en que esta obligación sí que viene de fuera, pero el compulsivo está permanentemente obligándose y obligando a los otros. Cuando una persona se obliga a hacer algo en terapia, le sugerimos que vea “Qué le haría y cómo le haría a otro para que hiciera lo que ella se siente obligada a hacer”. Cuando se dice: “Yo debo hacer tal o cual cosa”, le preguntamos:

¿Quién es el que dice que “yo debo hacer tal o cual cosa”? Con esta pregunta hacemos que el paciente busque el origen de tal o cual imposición, o el sujeto que primero impuso esa obligación. Esto nos va a permitir desvelar las figuras de su época infantil ante las que él se sometió para evitar su enfado y castigo o para ser aceptado y querido por esas figuras.

La segunda forma de retroflexión son los sentimientos de inferioridad. Es evidente que cuando la relación con uno mismo está perturbada también lo están las relaciones interpersonales. Cuando uno se siente inferior, de alguna manera trata de forma inferior a otras personas, con lo que puede que encubra su arrogancia.

La tercera forma de retroflexión es aquélla que se transforma en síntomas corporales, resultantes de retroflexiones malsanas. Los dolores de cabeza por tensión, muchas veces están sustituyendo a las ganas de retorcerle el cuello a otra persona, y otras encubren ganas de llorar reprimidas. Las afecciones de la garganta pueden tener el mismo origen, o algo que uno se tragó y después bloqueó, con el fin de evitar su expresión.

Estos cuatro mecanismos descritos más arriba, constituyen neurosis únicamente cuando son inadecuados y crónicos. Todos son útiles y necesarios en aquellas ocasiones que implican peligro. La introyección es buena cuando, por ejemplo, se trata de examinarse de una asignatura que ni nos gusta, ni nos sirve, pero que tenemos que aprobar porque forma parte de los estudios que queremos realizar. La proyección, en situaciones en las que uno necesita planificar y anticipar, puede ser muy provechosa y creativa. Uno se coloca en la situación y así, de algún modo, se mejora el proyecto.

La retroflexión es buena cuando uno tiene impulsos asesinos hacia alguien o sentimientos excesivamente destructivos, que si se llevaran a la acción producirían efectos devastadores para el entorno y para la misma persona. La confluencia es positiva cuando es necesaria para la cohesión de grupos y aunar criterios. Sin embargo, estos mecanismos utilizados indiscriminadamente son negativos, entre otras razones porque impiden que nos demos cuenta de nuestras necesidades, o que nos veamos a nosotros mismos en relación con el entorno en particular y con el mundo en general.

El egotismo en psicología Gestalt

Este mecanismo fue descrito por P. Goodman (1951) en Gestalt Therapy Excitement and Growth in the Human Personality. Su función principal es la de aumentar y fortalecer la frontera del contacto mediante el engrandecimiento narcisista del ego. Hay un incremento defensivo del yo, en detrimento de otro o de los otros. Está muy próximo al narcisismo, porque el egotista antepone sus necesidades a las del entorno, y a veces puede pecar de cierta psicopatía.

Éste es un mecanismo que propicia la terapia gestalt durante el proceso terapéutico, y que ocurre mientras la persona se hace responsable de sus necesidades y trabaja en su consecución; es decir, que durante un tiempo es un paso necesario para disminuir la inhibición y fomentar el autoapoyo y la responsabilidad por uno mismo. No obstante, éste es un mecanismo que tiene que disolverse a lo largo del proceso terapéutico; en caso contrario habremos hecho un narcisista de un inhibido. Éste es uno de los peligros de la terapia gestalt al apoyar la autoafirmación y el autoapoyo, pero es necesario durante cierto tiempo con pacientes inhibidos y con excesiva tendencia a la represión.

A través del proceso terapéutico la persona tiene que aprender a discrimina el amor a sí misma franco y necesario, sin perder de vista las necesidades de otro, y sin que unas estén en detrimento de las otras, tratando de compatibilizar ambas en función de las prioridades de cada momento. Unas veces priorizaré mis necesidades, y otras las del entorno, según sienta qué es lo mejor para mí en cada momento.

Para lo cual a veces tendré que renunciar a satisfacer mis necesidades, o simplemente retrasarlas en el tiempo o en la forma. En definitiva, cuando no sea posible satisfacer mis necesidades porque están en oposición con el entorno, habrá que realizar acuerdos y estar atentos a las prioridades, para evitar así consecuencias más negativas que las de no satisfacer la necesidad del momento.

La deflexión en psicología Gestalt

Este concepto fue introducido por el matrimonio Polster, para sustituir a otro más antiguo, la desensibilización, que describen Fagan y Sheperd (1973) en Teoría y técnica en psicoterapia gestalt.

Este mecanismo tiene la función de desvitalizar el contacto y, de alguna manera, de enfriarlo. La persona tiene miedo a la situación o de las personas con las que está o se siente involucrada, y puede mostrarse verborreica pero vacía, silenciosa o distante, y hablar de cosas carentes de interés o poco conectadas con el tema de que se trate. La desgana, el aburrimiento y el cansancio se convierten en formas de deflectar cuando evitamos el contacto directo, por las razones que sea. Las personas que deflectan dan la sensación de que carecen de energía, son aburridas y, generalmente, mantienen conductas indecisas y desinfladas. Son vidas grises en las que los colores quedan desdibujados y opacos.

La proflexión en psicología Gestalt

Es un término introducido más recientemente. Como su nombre indica, proviene de la mezcla de dos mecanismos anteriormente citados: la retroflexión y la proyección. Es un mecanismo muy sutil. El proflector trata de conseguir del entorno determinadas acciones hacia él. Consiste en hacer o decir al otro lo que me gustaría que me hiciera o me dijera a mí. Es un mensaje indirecto al interlocutor, probablemente con la intención inconsciente de éste haga conmigo lo que yo hago con él.

Es decir, halagamos para ser halagados, somos agradables y simpático las personas que no conocemos para ser tratadas de la misma manera por ellas. Con este mecanismo tratamos de frenar supuestas agresiones o descalificaciones, a la vez que propiciamos que nos acepten y sean amables con nosotros. Es una forma de seducción más o menos encubierta, que trata de evitar confrontaciones negativas. Lo negativo de este mecanismo es que evita que el contacto se produzca de forma natural y espontánea, y hace que se realice de manera sinuosa e indirecta.

Otros mecanismos neuróticos

El psicoanálisis freudiano describe otros mecanismos neuróticos más que se pueden encontrar en Mecanismos de defensa de Anna Freud (1974). Vamos a describir aquí dos que nos parecen importantes, y que encontramos a menudo en los trastornos neuróticos: la negación y la racionalización. El segundo es el mecanismo principal de las neurosis obsesivas. Pasamos a describirlos sucintamente.

La negación en psicología Gestalt

El mecanismo de negación consiste en negar determinadas partes de uno mismo. Es la objeción a ser como somos. Con este mecanismo vamos creando huecos y enajenando partes, separándolas de nosotros. Este mecanismo sirve para rechazar y renegar de partes nuestras que no nos gustan y que no aceptamos, ya sea porque son partes o características rechazadas por la sociedad, por nuestros padres o por nuestros amigos, y que nosotros mismos acabamos por no ver como aceptables.

El mecanismo de negación nos impide ponernos en contacto con nuestras partes no aceptadas. No puedo ver mis deseos porque no me gustan, no puedo aceptar que soy de esta manera o de la otra, o que prefiero actuar de una forma, en función de la aceptación o del rechazo del entorno. La negación nos aliena, y ciega nuestra mirada cuando la dirigimos hacia nosotros mismos y no nos gusta nuestra manera de ser o de actuar.

Se encuentra este mecanismo en todas las neurosis, pero de manera más evidente en las psicosis, porque forma parte de la escisión.

La negación nos sirve para evitar el dolor y el sufrimiento de la frustración Si hay una parte nuestra que nos parece reprobable y no aceptable, e incluso no la aceptamos en los demás, para creernos que esa característica no es nuestra utilizamos este mecanismo defensivo.

Negamos características, emociones o partes de nuestra forma de ser. Así pensamos que vamos a ser mejor aceptados, reconocidos y queridos que si nos mostramos con nuestras acciones o formas de ser que nosotros mismos no admitimos. Su origen está en la infancia y se formó cuando alguno de los progenitores rechazó alguna característica del niño, llegando incluso a castigarle por mostrarla.

La racionalización en psicología Gestalt

Éste es el mecanismo de las personas más intelectuales. Se da fundamentalmente en los caracteres obsesivos, y consiste en que el sujeto trata de dar explicación más o menos lógica y coherente de un acto, idea o sentimientos cuyos motivos verdaderos no percibe, al tratar de justificarlos racionalmente.

Por ejemplo, si un paciente comienza a darnos explicaciones acerca de determinada conducta, le proponemos que dramatice su conducta. Esto se puede llevar a cabo invitando al paciente a adoptar su papel, y después el del terapeuta, y que vaya haciendo un diálogo entre ambos, acerca de su racionalización. Si logra meterse bien en el papel del terapeuta, logrará darse cuenta engaño de su conducta y de los motivos subyacentes o negados.

También: puede hacer de otras maneras. Todo depende del tipo de racionalización. Por ejemplo, alguien le dice a otra persona: “He ido a buscarte porque me apetece salir contigo”, cuando en el fondo quizá lo que sucedía era que el aburrimiento fue lo que le impulsó a llamarle y querer salir, y que en ese momento era la única persona disponible.

La intelectualización es un término afín a la racionalización. A través de la intelectualización o racionalización tratamos de justificarnos y tranquilizar: evitando darnos cuenta del significado que subyace y se esconde tras algunas de nuestras conductas o deseos. Con la intelectualización disculpamos conductas, pensamientos y actitudes que de otra forma no podríamos justificar ni aceptar ante nuestra mirada o ante la de los otros.


Créditos de este artículo.

11 Comments

    1. Son cosas distintas. Para San Ignacio, respecto al término reflectir puedes usar el sinónimo “reflexionar” para sacar provecho.
      Retroflexion es hacerme a mí mismo o canalizar la energía hacia mi, en vez de ser depositada en el entorno u otro.

  1. Gracias por el aporte muy preciso y fácil de entender.
    Trabajo con comunidades y me gustaría realizar un taller terapéutico en grupo teniendo en consideración estos mecanismos. Encantados de recibir su recomendación. Gracias

    1. Nos alegra que esta información te haya ayudado Elizabeth, y te deseamos mucho éxito en tus talleres! Que tu trabajo sea espacio de sanación para quienes asistan.

  2. Síntesis como estas son importantes para motivar estudios de mayor amplitud y profundidad. Gracias por publicarlo.
    Tienen un error de fecha al principio del artículo, cuando exponen que “Perls (1975) indica que hay cuatro mecanismos neuróticos que operan en las perturbaciones del límite de contacto” Pero Perls, creo que muere en 1970. Error de forma y no de fondo, pero sería provechoso el que lo corrijan. Gracias nuevamente.

    1. Hola Pedro,

      Muchas gracias por tus comentarios, nos animas a seguir publicando nueva información sobre el tema! Respecto a lo que nos señalas, pensamos que esa fecha se refiere al año de publicación o reimpresión de alguna de las obras de Perls, pues efectivamente el muere en 1970.

      En cualquier caso tendremos pendiente revisar esto con la autora. Recibe un cordial saludo!

  3. El articulo me pareció super interesante, sin embargo en la parte que trata la introyección se comparan las formas de comer y leer. Me detuve a pensar y no veo mucho parecido. Yo personalmente desde los 5 años, cuando aprendí a leer me hice adicta a los libros y si se puede decir que les devoraba, a cambio siempre tuve muchísimas peleas con la comida, alergias y complicaciones.
    Si que estoy de acuerdo con que el tipo de mecanismo de defensa que “elegimos” se refleja en todo lo que hacemos, pero el ejemplo no me pareció bueno, pues no considero que leer y comer en si tienen significados iguales para todas las personas.

    1. Hola Teodora, claro!

      Los ejemplos en este texto son solo eso: ejemplos. Sin duda cada persona pone significados distintos a todo lo que hay en nuestro ambiente. Muchas gracias también por comartir tu opinión

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *