El self en la terapia gestalt

El self en la terapia gestalt; de Jean Marie Robin

“El artesano” del ajuste creador, esa dimensión integradora que reúne las diferentes funciones necesarias para la puesta en marcha de ese proceso de ajuste creativo en el contacto, es lo que, en Terapia Gestalt, llamamos el “self”, el cual en Terapia Gestalt no es abordado como una entidad fija, estable, esto no es la “personalidad” por ejemplo, que es relativamente estable, sino el conjunto de las funciones necesarias para la realización del ajuste creativo.

Es por esta razón que preferimos mantener el término anglosajón de “self”, antes que llamarlo “el sí mismo”, pues éste tendrá tendencia a ser considero como entidad firme, estable; “self” en la lengua inglesa es un calificativo que se adjunta a sustantivos y que designa,de alguna forma, el proceso en acción. El “self” es el proceso de contacto en acción del organismo, contactando la novedad y realizando los ajustes creativos necesarios.

Esta secuencia de construcción-destrucción de las Gestalten, o ciclo de contacto, es una manera de describir el “self”, es decir la que aborda el “self” en su desplegamiento temporal. Pero podemos también abordarlo por sus estructuras parciales, sus funciones particulares son modalidades especiales de funcionamiento del “self”, ellas no están disociadas más que por razones prácticas y pedagógicas y como tales, no son más que abstracciones.

Las tres funciones que nos conciernen (lo que no quiere decir que el “self” se limita a estas tres funciones) en el desplegamiento del ajuste creativo, son las que llamamos función ello, función personalidad y función yo (o función-ego).

Las tres funciones del “Self”

La “función ello” es la que concierne a la emergencia de la “necesidad” más próxima: necesidades, deseos, pulsiones, apetitos, situaciones sin acabar. Es esencialmente una función que se despliega en el cuerpo, de instante en instante, y se manifiesta a través de las sensaciones (pero no únicamente). Sobre el modo del “ello”, yo no me siento responsable de lo que me llega, ello me llega; yo tengo hambre, yo tengo sed, es así. Soy claramente yo el que lo hago pero yo no me siento responsable de ello.

La “función personalidad” es por el contrario una función más estable porque en esta función van a grabarse e inscribirse, la historia y la experiencia vivida.

Es gracias a la “función personalidad” que voy a ser capaz de responder a la pregunta: ¿quién eres tú?. Es lo que yo sé, con razón o sin ella, de mí, de mi experiencia, es eso que yo pienso que soy yo, (¡lo que no quiere decir que yo sea eso! es esto lo que yo pienso que soy yo, como yo me represento en mi experiencia). La “función personalidad” designa la representación, no siempre consciente, que yo me hago de mí mismo. Es así que se fija la experiencia en su puesta potencial en palabras.

Estas dos funciones, sea simultáneamente, sea separadamente, van a comprometerse en el contacto con el mundo a través de la “función yo” que va a realizar las identificaciones y alienaciones. Esas elecciones, van a expresar, exteriorizar, actuar, la función personalidad o la función ello. Si por ejemplo por la función ello, identifico tal necesidad, por la “función yo” voy a entrar en contacto con el mundo, a hacer elecciones decidiéndome: “esto me interesa; eso no me interesa”.

A veces hay una especie de competición entre dos funciones, entre la función ello y la función personalidad. Voy a dar un ejemplo que me gusta mucho evocar, porque lo he encontrado muy pronto en mi carrera y es de una banalidad significativa.

Ocurrió en un grupo de terapia. Una mujer de entre 40 y 45 años de edad. Desde los primeros instantes del encuentro del grupo expresó: “Yo, tengo miedo de los hombres “Y por otra parte el grupo había pasado a otra cosa.

De cierta forma, se puede decir que ese “yo soy alguien que tiene miedo de los hombres” expresa la función personalidad de esta mujer.

Al día siguiente, segundo día del grupo, ocurrió que en un momento dado yo me senté no muy lejos de ella, fortuitamente, ella hizo entonces una gran exclamación: “¡Oh! tengo miedo, tengo miedo, tengo miedo…” Pasada la sorpresa por mi parte, yo le pido: “Si usted quiere, tome el tiempo de intentar sentir qué es lo que pasa en su cuerpo. ¿Qué es lo que usted siente en el momento presente?”.

Entonces, ella empezó a describirme un cierto número de sensaciones: “He ahí, tengo las manos húmedas, mi respiración es así, siento una tensión así en tal y tal parte de mi cuerpo, etc.” Después, de pronto, ella interrumpió su descripción y me dijo: “Pero…, lo que yo estoy tratando de contaros no tiene nada que ver con el miedo!” Yo, levantando los hombros: ¡Yo no sé nada!”, yo asiento y ella me dice: “Pero no, esto no tiene nada que ver con el miedo”.

Ella empieza lentamente a tomar conciencia de que desde hace 45 años ella vivía con esta representación de ella misma, “Yo soy alguien que tiene miedo de los hombres”, sin llevar la atención a eso que estaba ahí para ella, al “ello” del momento. El “ello” del momento podía llevarla en una dirección completamente diferente.

Y a lo largo del tiempo, al hilo de su trabajo, ella ha podido descubrir que ese momento de su experiencia estaba mucho más hecho de interés, de excitación… que de miedo, pero ella vivía con esta idea completamente a propósito de ella misma, como que ella tenía miedo. Con tal representación, ¿qué podía hacer ella en su vida de todos los días?.

Ella no podía más que organizar sus contactos con el mundo de forma para realizar esa representación, a probarse a ella misma que si tenía miedo de los hombres, tenía mucha razón: esos contactos van a pasarse mal, ella creaba en cierta forma las condiciones de confirmación de la representación que ella tenía de ella misma.

El “self” por la “función yo”, o eso que le es coherente, va a ejercer, a actualizar la información que le llega de la función personalidad, en ese caso sin razón; y va a hacer malas elecciones y malos rechazos, ella actúa a partir de esa Gestalt fijada, inmovilizada, según la cual “yo soy alguien que… “

Algunas perturbaciones de la “función personalidad” pueden también ser muy sutiles. Por ejemplo, si yo soy, digamos, padre de familia (es algo que es parte de mi identidad, pero que se ejerce en un cierto contexto), en relación con un paciente, en relación con un amigo, no se trata de que me comporte como un padre de familia, yo manifestaré una perturbación de la función personalidad porque yo no me serviré de la función de mi identidad que es apropiada a la situación, en tal caso esta función será apropiada en otra: cuando yo estoy con mis hijos.

Asimismo, si yo me comporto como psicoterapeuta de cara a mis hijos, esto será todavía una perturbación de la “función personalidad” porque lo que ellos esperan de mi, es que yo sea padre y no psicoterapeuta, que yo ejerza a través de la “función yo” las elecciones apropiadas.

Las diferentes perturbaciones del “Self”

La función personalidad

Es una función que puede estar perturbada, en el sentido de que un sujeto puede tener representaciones de su experiencia que no corresponden a la “realidad” de dicha experiencia: es lo que vamos a llamar perturbaciones de la “función personalidad”: Si yo pienso de mi que soy un poeta, por ejemplo, y me presento a vosotros como novelista, tenéis derecho a decirme: “¡Ah, bueno!, y ¿cuáles son las obras que has escrito?”. “¡Oh! yo por el momento no he escrito nada, pero esto es parte de mis intereses y mis proyectos; yo tengo verdaderamente la intención de consagrarme a la novela”. Esto será una perturbación de la función personalidad porque yo no soy novelista de momento.

Yo pasé toda mi infancia persuadido de que era nulo en matemáticas (función personalidad), hasta el día que, antes de llegar bachiller, me dije que puede que fuera bueno poner más triunfos en mi juego: si yo lo viera por lo menos desde el lado de las matemáticas, ver qué es eso, lo que pueda dar de mi (¡por qué yo era deficitario regularmente en esta materia!).

Entonces me di cuenta de que era completamente superable y que había vivido durante 15 años con la idea de que era nulo en matemáticas. Me habían transmitido eso: era parte de la herencia familiar, de generación en generación, ser nulo en matemáticas y declararse “literato”. Esto constituía una perturbación de la función personalidad, leal con mi tradición familiar.

Cada perturbación de la “función personalidad” va a intervenir en la elección que vamos a hacer a través de la “función yo”. La neurosis, en cierta forma, va a manifestarse a través de perturbaciones de la función personalidad, de representaciones erróneas de “quien soy yo”.

El niño evocado más arriba, que tenía miedo de su padre amenazante, ha inscrito en su función personalidad una representación de sí mismo según la cual “Yo tengo miedo del adulto y el adulto es amenazante para mí”; él va pues a hacer elecciones que van a manifestar esta perturbación de la función personalidad: él no es forzosamente alguien que tiene miedo aunque, ha adquirido este hábito. En la neurosis, vamos a encontrar perturbaciones de la función personalidad que impiden el pleno funcionamiento en modo yo.

La función ello

Estará perturbada de forma característica en la psicosis. En la neurosis, podemos perder la conciencia de nuestro “ello” del momento, de nuestro deseo, necesidad, apetito, pero no perdemos el deseo o el apetito; podemos perder la conciencia del hambre, pero no perdemos el hambre, mientras que una persona psicótica puede perder la sensación de frío por ejemplo, y salir poco vestido a 15 grados bajo cero. Ella ha perdido el frío, la necesidad, el “ello” de la situación.

Estas dos funciones, “función ello” y “función personalidad”, pueden estar perturbadas. Si estas funciones, o una de ellas está perturbada, teniendo en cuenta que estas dos funciones van a implicarse en el contacto con el mundo a través de la “función yo” ¿qué puede pasar?, ¿cómo la función yo va a poder actuar, si sus “fuentes de información” están perturbadas?

La función yo va a estar perdida. “Perdida” significa que el sujeto va a hacer alguna cosa que parecerá una elección pero no lo será, pues él no puede hacer de otra forma habida cuenta de su historia, de eso que él sabe de sí, etc.

El pasado vuelve al presente. La respuesta es caduca; era buena en su contexto, una vez más, pero no lo es ya en el presente y la respuesta es una “mala dirección, en el sentido propio del término, es decir que está mal dirigida: El trabajo del terapeuta va entonces a consistir en ayudar al paciente a restaurar esa capacidad de elección, porque es por esta capacidad que él podrá realizar de nuevo los ajustes creadores.

Precisemos pues un poco más la “función yo”, uno de los modos de funcionamiento del “self”. Esta es la función que va a permitir al “self”, a la vez, lo que llega de la “función ello” y de la “función personalidad”, y que va a asegurar las identificaciones y las alienaciones, las elecciones y los rechazos en el contacto con el entorno.

Nosotros hemos hablado de la secuencia de construcción-destrucción de Gestalts y de esa fase que consiste en proceder a las identificaciones y a las alienaciones (fase de puesta en contacto, en particular): la “función yo” constituye el modo activo del “self”.

Las pérdidas de la función Yo y sus consecuencias

Cuando hay una pérdida del funcionamiento del modo “yo” en esta ausencia se precipitan un cierto número de fenómenos que serán, a su manera, fenómenos de contacto y de frontera.

La función del yo es asegurar la puesta en frontera del organismo y del entorno; el fenómeno sustitutivo de un funcionamiento sano del modo “yo” deberá presentarse también como un fenómeno de frontera.

Estos fenómenos que vamos a abordar podrían ser fenómenos “sanos”, pero cuando están asociados a una pérdida del funcionamiento del yo, estamos en presencia de fenómenos no-sanos, disfuncionales. Son en total cuatro.

Algunos autores adjuntan otros, pero los mecanismos esenciales son los siguientes: confluencia introyección, proyección y retroflexión. Estos términos técnicos piden ser elucidados.

Imagen de ibm4381, vía Flickr.

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