
El sueño es una necesidad instintiva. Dormimos un tercio de la vida. La falta de sueño se percibe como una de las mayores amenazas.
Deseamos dormir pero con frecuencia percibimos la amenaza que nos llega del mundo del sueño. Tratamos de desechar estos temores restando importancia al tema (“Sólo ha sido un sueño”). Pero reconocemos que en el sueño experimentamos y vivimos con la misma sensación de realidad que en la vigilia. Quien medite sobre el tema tal vez saque la conclusión de que el mundo de la vigilia es también ilusión, sueño como el sueño nocturno, y que ambos mundos sólo existen en nuestra mente.
¿De dónde sale esta idea de que la vida diurna es más real que la de los sueños? ¿Quién nos autoriza a poner un “sólo” delante de la palabra sueño? Cada experiencia de la mente es igual de verdadera, no importa que la llamemos realidad, sueño o fantasía. Puede ser un buen ejercicio mental invertir la óptica habitual de la vida y el sueño e imaginar que el sueño es nuestra verdadera vida, interrumpida a intervalos regulares por periodos de vigilia.
“Wang soñó que era una mariposa. Estaba entre hierbas y flores. Revoloteaba de un lado a otro. Luego despertó y no sabía si era Wang que soñaba que era una mariposa o era una mariposa que soñaba que era Wang.”
Esta inversión es un buen ejercicio para descubrir que la consciencia de día y de noche se compensan mutuamente. Por analogía, corresponde al día la luz, la vigilia, la vida y la actividad, y a la noche, la oscuridad, el reposo, el inconsciente y la muerte.
Analogías | |
Yang | Yin |
elemento masculino | elemento femenino |
lóbulo izquierdo del cerebro | lóbulo derecho del cerebro |
fuego | agua |
día | noche |
vigilia | sueño |
vida | muerte |
bien | mal |
conciencia | inconsciente |
intelecto | sentimiento |
racional | irracional |
La voz popular llama al sueño el hermano menor de la muerte. Cada vez que dormimos ensayamos la muerte. El sueño nos exige soltar todo control, toda meditación y toda actividad. El sueño nos exige entrega y confianza, abandonarnos a lo desconocido. No se puede conciliar el sueño a la fuerza, con un acto de voluntad. No hay como querer dormir a toda costa para no poder pegar ojo. Nosotros no podemos sino crear las condiciones favorables, pero a partir de ahí tenemos que aguardar con paciencia y confianza hasta que el sueño venga. Apenas nos está permitido observar el proceso: la observación nos impediría dormir.
Todo lo que el sueño y la muerte exige de nosotros no pertenece precisamente a los puntos fuertes del ser humano. Todos estamos muy anclados en el polo de la actividad, estamos muy orgullosos de nuestras obras, dependemos mucho de nuestro intelecto y de nuestro rígido control como para que el abandono, la confianza y la pasividad sean formas de comportamiento familiar. Por lo tanto, a nadie debe asombrar que el insomnio (¡junto al dolor de cabeza!) sea uno de los trastornos más frecuentes de nuestra civilización.
Nuestra cultura, a causa de su unilateralidad, tiene dificultades con todos los campos antipolares, como puede apreciarse rápidamente por la lista de analogías que exponemos. Tenemos miedo del sentimiento, de lo irracional, de la sombra, del inconsciente, del mal, de la oscuridad, de la muerte. Nos aferramos a nuestro intelecto y a nuestra consciencia de día con la que creemos poder entenderlo todo. Cuando llega la invitación a “abandonarse” se produce el miedo porque la pérdida nos parece excesiva. Todos ansiamos dormir y experimentamos la necesidad. Como la noche pertenece al día, así la sombra nos pertenece a nosotros y la muerte, a la vida. El sueño nos lleva todos los días a ese umbral entre el Aquí y allá, nos acompaña a la zona oscura de nuestra alma, nos hace vivir en el sueño lo no vivido y nos sitúa otra vez en equilibrio.
El que sufre de insomnio, mejor dicho: de dificultad para conciliar el sueño, tiene dificultades y miedo de soltar el control consciente y abandonarse a su inconsciente. El individuo actual apenas hace una pausa entre el día y la noche, sino que lleva consigo a la zona del sueño todos sus pensamientos y actividades. Prolongamos el día durante la noche y pretendemos analizar el lado nocturno de nuestra alma con los métodos de la conciencia diurna. Falta la pausa de la conmutación consciente.
El insomne debe aprender ante todo a terminar el día conscientemente para poder entregarse por completo a la noche y sus leyes. También debe aprender a preocuparse por las zonas de su inconsciente, para averiguar de dónde procede la ansiedad. La mortalidad es un tema importante para él. El insomne carece de confianza y de capacidad de entrega. El se considera “activo” y no puede abandonarse. Los temas son casi idénticos a los que consideramos al tratar el orgasmo. El sueño y el orgasmo son pequeñas muertes que las personas con un Yo muy desarrollado experimentan como peligro. Por lo tanto, la conciliación con el lado nocturno de la vida es un somnífero infalible.
Los viejos sistemas, tales como contar, dan resultado sólo en la medida en que permiten distraer el intelecto. La monotonía aburre la mitad izquierda del cerebro y la induce a cejar en su afán de predominio. Todas las técnicas de meditación utilizan este recurso: concentración en un punto o en la respiración, en la repetición de un mantra o un koan inducen a pasar del hemisferio izquierdo al derecho, del lado del día al lado de la noche, de la actividad a la pasividad. Quien experimente dificultades en esta rítmica alternancia natural debe de dedicar atención al polo que rehúye. Esto es lo que pretende el síntoma. Proporciona al individuo tiempo para dilucidar sus conflictos con las alarmas y temores de la noche. También en este caso el síntoma da sinceridad: todos los que padecen de insomnio tienen miedo a la noche. Cierto.
La excesiva somnolencia denota el problema contrario. El que a pesar de haber dormido lo necesario, tiene problemas para despertar y levantarse, debe analizar su temor a las exigencias del día, a la actividad y el esfuerzo. Despertar e iniciar el día significa actuar y asumir responsabilidades. La persona que tiene dificultad para pasar a la conciencia del día pretende huir al mundo de los sueños y la inconsciencia de la niñez y evitar los desafíos y responsabilidades de la vida. En este caso, el tema se llama huida a la inconsciencia. Si el dormirse guarda relación con la muerte, el despertar es un pequeño nacimiento. El nacimiento y el despertar a la conciencia pueden resultar tan angustiosos como la noche y la muerte. El problema está en la unilateralidad; la solución está en el medio, en el equilibrio y la conjunción. Sólo aquí se descubre que el nacimiento y la muerte son uno.
Trastornos del sueño
- ¿En qué medida dependo del poder, el control, el intelecto y la observación?
- ¿Soy capaz de desasirme?
- ¿Están desarrolladas en mí la capacidad de entrega y la confianza?
- ¿Me preocupo del lado nocturno de mi alma?
- ¿Cuánto temo a la muerte? ¿He meditado sobre ella lo suficiente?
Excesiva somnolencia:
- ¿Rehúyo la actividad, la responsabilidad y la toma de conciencia?
- ¿Vivo en un mundo de sueños y temo despertar a la realidad?
Notas:
- Autores: Thorwarld Dethlefsen y Rüdiger Dahlke
- Foto de anieto2k, vía Flickr

