Métodos de trabajo con Polaridades en escritos de Terapeutas Gestalt

La técnica de las “sillas calientes”, tan utilizada por Fritz Perls, sobre todo en su última etapa, ha sido quizá el método preferido en la práctica y en la teoría durante bastante tiempo por Terapeutas Gestálticos.

No tenemos más que recordar los trabajos de Perls que están reproducidos, además de en películas y vídeos, en sus libros, ya citados, Sueños y existencia. Terapia Gestáltica y El enfoque gestáltico. Testimonios de terapia. Muchos de los trabajos de Perls que lemos en estas obras son sesiones en las que se utiliza preferentemente el método de las “sillas calientes” para tratar de resolver algún problema de oposición entre dos facetas de la personalidad de los clientes.

Reflexionando sobre esa técnica a la vista de los ejemplos que ahí se aducen, pienso en algún momento que el método de las “sillas calientes” puede llegar a acentuar la polaridad y no favorecer, en principio, la integración. Tengo mis dudas de si, como dice Claudio Naranjo, “la oportunidad de hacer una persona entera a partir de la división, se hace cierta”131, y, de acuerdo con lo que dice el mismo autor, me inclino a crer que las “sillas calientes” son más útiles para deshacer algunas proyecciones.

El hecho es que, actualmente, y de modo en cierta manera similar a cómo ha ido transformándose el “rito” de la sesión psicoanalítica” (ahora la mayoría de los psicoanalistas trabajan cara a cara con el paciente), también este “modelo perlsiano” de las “sillas calientes” se ha ido transformando en la práctica de muchos terapeutas gestálticos y creo que, no sólo en los ejemplos presenciados y aducidos por mi hace un momento, sino en la lectura de otros muchos textos gestálticos, se puede ir observando dicha evolución y transformación. Algunos terapeutas, incluso, lo rechazan, aunque quizá esa postura no sea tan drástica como la expresada por Laura Perls:

“Eso es un óptimo método para los talleres demostrativos, pero no se puede conducir de ese modo una terapia entera; y sin embargo, hay gente que lo hace. Pienso que es muy limitador, además de ser perjudicial”132.

Sin embargo, el propio F.S. Perls había apuntado, en sus primeros escritos, a uno de los métodos más eficaces para trabajar con las Polaridades; la terapia individual:

“…se coloca al paciente cara a cara con aquella parte de sí mismo que trata de evitar. Esta conducta activa, colocar un espejo mental frente al paciente, tiende a una síntesis, una integración -reanudar el contacto con las partes aisladas de su personalidad”133.

Y más adelante, con una mayor contundencia, se expresa por medio de la utilización de cursivas en este párrafo:

“La conciencia y la capacidad para soportar emciones no deseadas son la conditio sine qua non para una curación con éxito; se descargarán estas emociones cuando hayan llegado a ser funciones del Ego. Este proceso, y no el proceso de recordar, constituye la vía regia a la salud.”134

Las “partes aisladas” de nuestra personalidad pueden identificarse con ese polo negado o ignorado que, al seguir presente aunque evitemos mirarlo, provoca “emociones no deseadas”, y todo esto lo estaba diciendo Perls desde su mentalidad de entonces más , o casi únicamente, inclinada a trabajar en terapia individual.

En un trabajo de 1959 -posterior a Gestalt Therapy, por tanto- que ya examinamos más atrás135, Perls insistía en que el darse cuenta llevaba a esa ampliación de nuestra consciencia y, gracias a ella,

“nos consideramos como lo que somos, vivos, aquí, distintos y similares a otros y al resto de la creación. Nos sitúa en una posición a partir de la cual podemos contactar, traspasar los límites, observar las diferencias, encontrar la resolución”.136

Esta importancia concedida por Fritz Perls al darse cuenta -una de las mayores deudas de la psicoterapia con la Terapia Gestalt y con su fundador- está recogida, en el nivel práctico, por John O.Stevens en su libro El darse cuenta137 en una pluralidad de ejercicios, muchos de los cuales tienen que ver,directa o indirectamente, con el trabajo con las Polaridades.

Por ejemplo, el ejercicio “Tengo miedo – Me gustaría” (pp. 86-88) que lleva a identificarse de una manera total con la experiencia de nuestros sentimientos negados porque son incómodos o dolorosos, para nosotros sobre todo. Más específico es el ejercicio “Niño bueno -Niño malo” (p.178), que el autor, una vez explicado, comenta así:

“Hay otras muchas polaridades, o juegos de opuestos, que pueden ser aplicados eficazmente del mismo modo: padre – hijo, blanco – negro, fuerte – débil, maestro – alumno…”138

Otra discípula directa de Perls (como lo fue John Stevens), Patricia Baumgardner, recoge también la enseñanza de Perls sobre las Polaridades comentando un trabajo de Fritz con un matrimonio:

“Respondió que cada uno de nosotros tiene dentro polaridades opuestas y que no estamos en contacto con una de esas polaridades. Con frecuencia proyectamos esa otra polaridad hacia alguien más. Fritz vio también que invariablemente escogemos como pareja matrimonial a alguien que representa cualesquiera opuestos o polaridades con las que no estamos en contacto con nosotros mismos”.

En este trabajo, Perls hace dialogar primero a un miembro de la pareja consigo mismo y sólo al final, cuando él ha llegado a reconocer su polaridad, es cuando establece el diálogo entre los dos. Fritz lo comenta al final así:

“…A fin de cuentas, todos los conflictos, todas las divisiones, surgen de una polaridad exacta. Aquí tenemos la polaridad de arriba-abajo. Tener los pies plantados en el suelo o tener los vuelos de la fantasía.[…] Antes tuvimos la división entre la persona de arriba y la persona de abajo. No hemos tocado la enorme importancia entre derecha e izquierda, pero vemos, una y otra vez, que la gente encuentra polaridades, y entonces podemos encontrar los centros de esas polaridades. Este es uno de los medios de la integración”.139

A pesar de las afirmaciones demasiado rotundas de Perls, se puede seguir admirando aquí su seria preocupación terapéutica por la integración. Este párrafo me ha recordado el trabajo, más creativo, de Joseph Zinker con las polaridades en el matrimonio (el suyo propio):

“Denomino “apoyarse en la acusación” a mi método de trabajar con el conflicto entre personas. El primer paso consiste en enseñar a cada una de ellas a tomar conciencia del lado oscuro de sí mismo […] Cuando la pareja ha ventilado la ira que acumuló, puede empeñarse en un proceso más o menos ordenado de exploración, guiada por un terapeuta, de una situación delicada…”140

Ese proceso de exploración lleva a analizar, por ambas partes, “en qué formas él o ella manifiesta por medio de sus actos la polaridad de aquello que se le acusa” (p.173), a través de un diálogo cuidadoso (en lo posible) en el que, cada uno, trata de oir realmente al otro y comprobar la certeza de lo que ha oído por medio de la expresión de lo que cre haber escuchado, método de comprobación bastante fácil que evita generar otro conflicto de incomprensión mutua en ese momento terapéutico. Acusado y acusador deben asumir las proyecciones de sus polaridades que allí aparecen y, al final, “cada persona revela sus sentimientos acerca del proceso por el que acaba de pasar”. Probablemente es en esa revelación de sentimientos donde se puede dar con más éxito la integración de la polaridad personal dentro de la polaridad de la pareja.

Analizando este trabajo práctico propuesto por Zinker, relacionándolo con otros que acabamos de ver, nos volvemos a encontrar con que esas polaridades, como decía Wheler, se dan precisamente en el proceso de contacto (la palabra contacto, fijémonos, ha salido con frecuencia en las páginas que llevamos escritas de esta Parte III), y por ello es en el contacto donde se podrán resolver, allí donde emerge el Self integrado o por integrar…

“…vamos a abordar la operación del self como el desarrollo permanente de los procesos de integración de dos polos de la experiencia del self, interior y exterior, en una totalidad significativa y evolutiva”.141

Si recurrimos ahora a lo que el libro “fundacional” dice sobre “cómo trabajar con las polaridades”, hemos de acudir a la parte escrita por Hefferline, a partir de los ejercicios que él realizaba con sus estudiantes de Psicología en la Facultad para apoyar de esa forma lo que, en el plano teórico, estaban elaborando Perls y Godman. Pero conviene tener presente lo que Taylor Stoehr dice de esa parte del libro:

“Muchos terapeutas gestálticos que usan el libro desde 1951, como herramienta didáctica o texto sagrado, han tomado a la ligera la primera sección “hágalo usted mismo”, donde los conceptos principales se presentan en un lenguaje simple, originalmente ideado para orientar a los estudiantes de psicología de Hefferline que realizaron los experimentos como una serie de tareas. Aparte del orden impuesto por su formato -la secuencia de ejercicios uno por uno-, el enfoque de esta sección del libro no difiere demasiado del de Ego, hambre y agresión, donde se aprecia una mezcla similar de hipótesis, experimentos y comentarios” [Y unas páginas más adelante, refiriéndose también a algunos de los ejercicios de esa parte de Gestalt Therapy, afirma:] “Todo esto es Perls puro.”142

Los ejercicios que plantea, pues, la parte práctica de Gestalt Therapy se deben a la directa inspiración de Perls cuando todavía estaba en la línea apuntada en su primer libro; y se nota en que los trabajos que proponen son más “mentales” o de contenido que de contacto. Por ejemplo, el Experimento 2: “Percibir las fuerzas contrarias”, que podemos relacionar perfectamente con una técnica de trabajo con Polaridades, se plantea así:

“Demos ahora el primer paso de este experimento: Pensad en una pareja de opuestos en la cual ninguno de los dos miembros tenga un significado si no es gracias a la existencia real o implícita de su opuesto”.143

Y al aclarar el sentido del experimento propuesto (y llama la atención que sugiera: Pensad…), plantea, con otras palabras, todo lo que Perls nos había dicho en Yo, hambre y agresión, sobre el “punto cero”, el punto de indiferencia o neutral, haciendo notar que “entre los dos opuestos hay toda una serie de posiciones intermedias”. El resto de pasos del Experimento sigue proponiendo trabajar con el pensamiento, con la imaginación, observando lo que se imagina, visualizar con cuidado, dedicarse al experimento con los opuestos como a un juego…, por ejemplo, escribiendo las letras de al revés y ver qué se siente… Existe un dirigismo acentuado en el modo de orientar el trabajo, que contrasta -afortunadamente- con la libertad con que muchos de los estudiantes anotaban por escrito las sensaciones y los sentimientos que probaban al realizarlo:

“Cuando comencé a invertir la posición de las letras, me puse nervioso. Me aumentaron los latidos del corazón y los ojos se me pusieron llorosos. En el momento en que estaba simplemente tratando de imaginar las letras al revés, pensé que mis ojos se habían cansado. Entonces intenté escribirlas yo al revés, para mirarlas después; pero después de esto los ojos continuaron llorando tan copiosamente que no conseguía ver el papel. ¡Era cosa de locos! Pero ¿qué queréis conseguir con este experimento?” (p.321).

Por lo tanto, los experimentos, en principio, sí funcionaban. Lo que me plantea interrogantes es, ante una situación así, este estudiante a solas con sus folios, ¿cómo podría conseguir integrar sus opuestos sin un interlocutor válido que diera un sentido al trabajo que él estaba realizando “aquí y ahora”? Sin embargo, a través de otros relatos de los estudiantes implicados por Hefferline en la tarea, es posible ver cómo se iban haciendo conscientes de la existencia en ellos de sentimientos opuestos: el amor y el odio, el deseo y el temor, etc.

Otro experimento tiene que ver con los sueños, pero no los que se tienen cuando dormimos, sino con el “soñar despiertos”, los ensueños. Hefferline apunta que analizarlos puede servir para darnos cuenta de los deseos complementarios de nuestra realidad.:

“Normalmente soñamos sobre algo que es lo opuesto a la frustración.[…] Si sois propensos a soñar despiertos, el contenido de esos ensueños os ayudará a comprender cuáles son vuestras frustraciones. Es decir, os ayudará a individuar con mayor claridad la naturaleza de vuestras necesidades” (p.323).

El mismo método se sigue a lo largo de todas las páginas dedicadas a estos ejercicios o experimentos, y en los dedicados a la Retroflexión, la Introyección y la Proyección se pueden rastrear también algunos relacionados con las Polaridades. Lo que se echa de menos en todos ellos es lo apuntado hace un momento: una relación terapéutica, una relación dialogal. Un lugar y una presencia en las que “la terapia sea una emergencia segura”, como dice el propio libro que estamos examinando.

Un ejemplo de cómo se puede trabajar directamente con las Polaridades en el ámbito de la sesión terpéutica puede ser esta situación descrita, tan sencillamente, por un Terapeuta Gestáltico europeo:

“Un cliente llega a la consulta y dice:”Tenía mucho miedo de venir hoy”. Yo propongo explorar la otra polaridad:”¡Trata de ver qué es lo que deseabas también al venir aquí hoy!”; frunce el ceño, piensa durante algunos segundos, después su cara se ilumina. Sí, acaba de experimentar que es cierto tener a la vez miedo y ganas, y este descubrimiento aporta un equilibrio interior, una especie de contrapeso que le permite no dar un paso en falso”.144

Para concluir este apartado, quisiera completar el párrafo de Georges Pierret, tan gráfico de un modo directo y personal, con un texto teórico y más complejo y lleno de sugerencias sobre el tema de las Polaridades y / en la terapia Gestalt:

“Aquí, entonces, el self-proceso, o el funcionamiento del self, se encuentra “localizado” en la frontera de la experiencia, la condición que limita la atención en el campo. Con esto, llegamos, por lo menos, a un modelo necesariamente intersubjetivo…[…] Como diría Godman […]: individualismo y comunidad no son las posiciones, sino los polos dados a nuestra experiencia, que se derivan necesariamente de la operación del self-proceso en el campo de la experiencia, campo que es, en sí mismo y por definición, bipolar de esta manera concreta. Integrar estos polos es vivir. Integrarlos con plena energía, gracia, consciencia y apoyo es vivir bien. También es el contacto y la operación del self en el campo.”145

Índice de contenidos:

  1. Las polaridades en la Terapia Gestalt
  2. Introducción. Etimología y delimitación de un campo semántico
  3. Planteamientos previos sobre las Polaridades
  4. Las polaridades en la Literatura
  5. Las polaridades en el Psicoanálisis
  6. Las polaridades en el Existencialismo
  7. Conclusión
  8. Las Polaridades en los escritos teóricos de la Terapia Gestalt
  9. Escritos de Perls posteriores a 1951
  10. ¿Escribió Laura Perls sobre las Polaridades?
  11. Perls, Hefferline y Godman: Gestalt Therapy. Excitement and Growth in the Human Personality (1951)
  12. Las polaridades según otros teóricos y terapeutas gestálticos
  13. Conclusión
  14. Cómo trabajar con las Polaridades en Terapia Gestalt
  15. Métodos de trabajo con Polaridades a partir de escritos de Terapeutas Gestálticos
  16. Conclusión
  17. Bibliografía
  18. Notas

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