Las polaridades en la Literatura

De una manera casi imperceptible, el pequeño análisis anterior de la polaridad en la Antropología ha llevado a los umbrales del otro campo en que me interesa estudiar la idea central del trabajo: la literatura. Dedicada durante muchos años a ella de forma vocacional y profesional, he leído sin descanso obras narrativas (dejo esta vez a un lado la poesía y el drama), cultas y populares, que me han enfrentado una y otra vez con la dualidad del hombre. No tanto, aunque también, con el tema del Doble, sino con el problema de la ambivalencia básica de los sentimientos y los deseos del hombre, sobre todo cuando se enfrenta a situaciones que podríamos llamar "límite" y que suelen ser las preferidas de tantos escritores y narradores por razones que no son del caso en este momento.

Utilizar la Literatura para encontrar en ella datos que aporten nuevos matices a los estudios realizados con la Psicología no es nada nuevo, por supuesto. Volviendo a otra obra del estudioso que citaba en las páginas anteriores, no está de más recordar que

"Freud hizo análisis de obras literarias: éstos pertenecen no a la "ciencia de la literatura", sino al psicoanálisis. Las demás ciencias del hombre pueden utilizar la literatura como materia para sus análisis; pero si estos últimos son buenos forman parte de la ciencia en cuestión, y no de un comentario literario difuso".20

No quiero, por tanto, extenderme a hacer "comentarios literarios difusos", sino fijarme en algunas de las obras que, de una manera más explícita, a mi entender, han atendido al problema de la polaridad del hombre. Voy a dejar a un lado los cuentos populares, los de hadas y los mítos, cargados todos ellos de una simbología que es expresión clarísima de las polaridades de la persona. En ese sentido los han estudiado, sobre todo, pssicoanalistas como Bruno Bettelheim, Marie-Louise von Franz a la zaga de su maestro Carl Gustav Jung, Robert Johnson y otros, y en ellos han visto la dualidad íntima de la persona que ha servido para explicar muchas heridas profundas21.

Mi atención va a ir hacia obras procedentes de la que convencionalmente llamamos literatura culta, puesto que en ella vemos más elaborado el pensamiento de sus autores sobre la polaridad humana y, sobre todo, puede quedar más clara para nosotros eso que hemos dado en llamar "realidad metafórica" de la literatura por su condición de metáfora de la realidad que, además, se transforma en una realidad para los lectores que hacen de ella una interpretación, que se acerca atrevidamente a las interpretaciones que ellos realizan de sus propias vidas o de las ajenas.

Los críticos literarios deben -debemos- huir de una "hermenéutica" de ese estilo, pero sólo cuando estamos ejerciendo de críticos y, por lo tanto, atenidos a las normas de la exégesis y la hermenéutica en sentido estricto. En otros momentos, y este es uno de ellos, hay que ler trascendiendo lo meramente formal para atender más al contenido, a lo que el libro dice sobre la vida. Que puede ser la del autor, la del lector o, simplemente y mejor, la vida de los hombres.

No voy a extenderme demasiado en la selección de esas obras, sino todo lo contrario: examinaré unas pocas que han servido a otros estudiosos para analizar el mismo o parecido problema que a mí me ocupa ahora; pero lo haré desde mi personal punto de vista y teniendo siempre delante la pregunta que me servía de hipótesis de trabajo en el ámbito de la Terapia Gestalt.

Tampoco voy a seguir un orden estrictamente cronológico -las fechas en que se escribieron esas obras-, sino un orden aleatorio en función de mi interés por la Terapia Gestalt. Por otro lado, tendré también en cuenta alguno de los autores y las obras literarias que F.S.Perls citó, en un momento u otro de su escritura gestáltica22.

Precisamente por esta razón, comienzo refiriéndome a la novela que se considera paradigmática al hablar de la doble personalidad, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, de Robert Louis Stevenson 23, porque de ella habla F.S. Perls al final de su primera obra, Yo, hambre y agresión. Los comienzos de la terapia gestaltista (1947)24. El capítulo XVI y último lleva el título de "El doctor Jekyll y el señor Hyde", pero a pesar de ello, sólo dedica al texto de Stevenson dos de los últimos tres párrafos del libro. No habla explícitamente de polaridad, sino de "los resultados catastróficos del idealismo". Pero hay una clara alusión a la dualidad básica del protagonista de la novela:

"El Dr. Jekyll representa un ideal, no un ser humano. Es un benefactor sin egoismo de la humanidad, leal a pesar de las frustraciones y casto frente a fuertes instintos. Para materializar su ideal, emplea los medios con los que de la represión; reprime su existencia animal; en el Sr. Hyde él oculta al chacal (Jekyll). El ser humano ha sido diferenciado en los opuestos "ángel" y "demonio", uno alabado y bien recibido, el otro detestado y rechazado; pero el uno puede existir sin el otro tan poco como la luz sin su sombra"25.

Su pensamiento queda más preciso en Dentro y fuera del tarro de la basura, cuando dice:

"El ejemplo clásico de representar roles es el Dr. Jekyll y Mr. Hyde o las tres caras de Eva26. En ambos casos se está más allá del comportamiento de "como si". Ambos casos indican una verdadera disociación. Ambos casos son diferentes de la dicotomía que se ve corrientemente, por ejemplo, en el empleado de banco que se comporta congraciativo en el trabajo y como un tirano en la casa".

Efectivamente, la novela de Stevenson, obra maestra en su género de misterio, no ejemplifica exactamente el tema de la polaridad, sino el de la disociación patológica de una personalidad muy polar; el caso es ya el del Doble, tema muy caro a la literatura romántica y postromántica, en la que hay que encuadrar el escritor escocés. En un momento dado dice el propio Mr. Jekyll:

"Día tras día y desde las dos dimensiones de mi inteligencia, la moral y la intelectual, me fui acercando así cada vez más a esa verdad por cuyo parcial descubrimiento he sido condenado a tan horrible naufragio: que el hombre no es verdaderamente uno, sino verdaderamente dos"27.

Es, como dice Perls, una "verdadera disociación". Es el problema del alter ego que se desdobla y amenaza a una persona; es el "doble" en sentido estricto, mientras que el "doble" en sentido más amplio es, más bien, la pareja de características opuestas, pero también complementarias, que se da en formas parecidas a la que Perls ejemplifica en el empleado de banco. En la ambivalencia o polaridad del hombre no se da esa disociación total, sino una convivencia, a ratos pacífica y a ratos llena de violencia, entre los dos polos de algunas de sus características.

La literatura acentúa con mayor frecuencia el problema de la disociación, la situación límite. El Fausto de Goethe (también citado por Perls), el Frankenstein, de Mary Shelley, Moby Dick de Melvillle, algún cuento de Hoffmann…, o el El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde, con su mezcla de humor y horror, nos llevan hacia el personaje que casi ve cómo se separa su sombra de él mismo y ella actúa por su cuenta de la forma más negativa, y más dolorosa también.

Sin embargo, la literatura narrativa, y más a partir de la difusión mayor de las teorías psicoanalíticas, va a ir precisamente en la línea del tratamiento novelístico de la polaridad, aunque en la mayoría de los casos tratada también en situaciones extremas que nos muestran al hombre en el proceso de integración de sus tendencias opuestas, proceso que unas veces acaba en fracaso y otras en un triunfo doloroso.

Ejemplo de lo primero puede ser la espléndida novela de Joseph Conrad, Lord Jim, en la que el fracaso de Jim se debe a su negativa a reconocer y aceptar en sí mismo la realidad de sentimientos y caracteres opuestos. Su rechazo a aceptar la parte de cobarde que lleva dentro (junto a su valentía), le empuja a una situación terrible que le frustrará para siempre y le acompañará, como otra sombra, toda su vida. Ha negado una parte de su ser y, al tratar de esconderla a sí mismo y a los demás, vivirá en una soledad íntima profundamente dolorosa.

Lord Jim esta escrita hacia 1900; unos años más tarde, Conrad escribe La línea de sombra (1916) en la que, desde el mismo título, vemos la metáfora – y como en toda metáfora, existe una parte real en ella que, en este caso, es el recuerdo del autor de hechos autobiográficos- del hombre que, moviéndose en esa línea que separa la luz de la oscuridad en su propio ser, alcanza a integrarlas con dolor y esfuerzo, alcanza la madurez. Uno de los últimos diálogos de la novela lo revela en escorzo:

"- Eso pasará -declaró-, pero es verdad que pareces haber envejecido.
Sí, ¿eh? -exclamé.
Es decir…La verdad es que de nada, bueno ni malo, se debe hacer demasiado caso en esta vida.
La vida a media máquina -murmuré perversamente- no está al alcance de todo el mundo.
Todavía debes considerarte feliz si puedes mantenerte a esa velocidad moderada -me replicó con su aire virtuoso-. Y todavía hay más: es preciso que un hombre luche contra la mala suerte, contra sus errores, su conciencia y otras zarandajas por el estilo. Si no, ¿contra qué lucharía uno?
No respondí. No sé qué vio en mi rostro, pero, bruscamente, me preguntó:
-Y qué, ¿no te sientes desanimado?
– Sólo Dios lo sabe, capitán Giles -contesté, con la mayor sinceridad.
– En ese caso todo está bien -afirmó sosegadamente-. Pronto aprenderás a no desanimarte. Un hombre tiene que aprenderlo todo, y esto es lo que tantos jóvenes no comprenden.
-¡Oh!, yo ya no soy un joven
– En efecto -concedió-. ¿Partirás pronto?
– Ahora mismo regresaré a bordo…"28

La aceptación de sus propias límitaciones y los de la realidad del mundo ha llevado al protagonista a mirar serenamente su propia vida (incluso los recuerdos terribles del viaje que acaba de realizar) del otro lado de "la línea de sombra", donde ésta se complementa con la luz.

F.S. Perls mencionó con cierta frecuencia a Herman Hesse y exactamente en un contexto muy relacionado con las polaridades. Habla de El lobo estepario, pero lo compara, en cierta medida, con el Fausto, de Goethe, lo que nos lleva de nuevo al contexto de la disociación. Para mí es más clara la relación con la ambivalencia del hombre una obra de Hesse como Demian (Historia de la juventud de Emil Sinclair) 29, oscura y quizá turbiamente simbólica del proceso de madurez de un joven, consciente de las fuerzas contrarias que hay en su interior:

"Bajo la luz de la lámpara, el rostro pintado se transformaba a cada invocación. Aparecía claro y resplandeciente o negro y tenebroso, cerraba párpados de lívido blancor sobre unos ojos muertos y volvía a abrirlos, lanzando candentes miradas; era mujer, era hombre, era muchacha, era un niño pequeño, un animal; se desvanecía en un manchón borroso y volvía a hacerse claro y visible. Por último, obedeciendo a un imperativo interior, cerré los ojos y lo vi entonces dentro de mí, más intensamente aún que antes. Quise arrodillarme ante él, pero estaba ya tan dentro de mí que no podía separarlo de mí mismo, como si hubiese pasado a formar parte de mi propio yo"30.

La melancolía que se desprende de esta obra de Hermann Hesse brota, en definitiva, de la oposición entre el deseo y la realidad, y del desgarramiento y la soledad a que aquella conduce al protagonista.

De nuevo un salto de bastantes años para mirar ahora este mismo problema desde la vertiente del humorismo de Italo Calvino. Su novela El vizconde demediado (1951) nos coloca ante el tema de la polaridad contada a través de una fábula ácida y, juntamente, llena de humor.

Un noble medieval recibe un cañonazo turco que le parte por la mitad, de arriba abajo, y queda a un lado la parte buena y al otro la mala (amor / crimen, caridad / odio)… Cada una de ellas logra vivir independiente y llevando al extremo su bondad o su maldad; pero el Medardo bueno no logra seducir a quienes le conocen y "sufren" sus bondades, y el malo, como es lógico, no consigue suscitar a su alrededor otra cosa que terror y rechazo.

Al final, una fantástica intervención quirúrgica y, sobre todo, el amor logran unir las dos partes del vizconde y se transforma en un hombre íntegro, cosa que no había sido antes. Uno de los últimos párrafos del libro, sintetiza la parábola lúcida e irónica de Italo Calvino:

" Así mi tío Medardo volvió a ser un hombre entero, ni bueno ni malo, una mezcla de maldad y de bondad, es decir, no diferente en apariencia a lo que era antes de que lo partiesen en dos. Pero tenía la experiencia de la una y la otra mitad refundidas, y por tanto debía de ser muy sabio. Tuvo una vida feliz, muchos hijos y un justo gobierno. También nuestra vida cambió para mejor. Quizá esperábamos que, al estar entero otra vez el vizconde, se abriese una época de felicidad maravillosa; pero está claro que no basta un vizconde completo para que se vuelva completo todo el mundo".31

[El humor con que está tratada esta historia, me trae el recuerdo de la obra mejor de nuestra literatura española, la más alegre y la más melancólica, la más llena de sueños y de vida, la que marcó el comienzo de la novela moderna y del análisis, lleno de bondadosa ironía, de las profundidades del ser humano. Me refiero, está claro, a Don Quijote de la Mancha. La crítica ha visto tantas veces en esta obra maestra un ejemplo de la polaridad idealismo / realismo personificada en Don Quijote y en Sancho Panza, los dos polos que se integran en su amistad. Pero yendo más a lo hondo, en cada uno de ellos puede verse la integración de esta polaridad, cuando vislumbramos con más claridad, en la iª Parte, la evolución de sus personalidades. Sancho se ha dejado contagiar de la locura idealista y generosa de don Quijote, y preferirá su libertad en lugar de la esclavitud a la que le lleva el poder que ejerce en la ínsula Barataria. Y don Quijote, arrastrado íntimamente por el buen sentido de su escudero, será capaz de crer y no crer, al mismo tiempo, en todo lo que él mismo decía haber visto en la Cueva de Montesinos…32]

Si clásico es aquel libro que siempre y a cada lectura tiene algo nuevo que decirnos, haber releído ahora y con esta perspectiva estas obras literarias, y haber encontrado en ellas su y mi explicación de las Polaridades, me empuja a verlas ya no solamente como clásicos de la Literatura, sino también "clásicos" estudios de la psicología humana que pueden orientar mi trabajo en la Terapia Gestalt.

Índice de contenidos:

  1. Las polaridades en la Terapia Gestalt
  2. Introducción. Etimología y delimitación de un campo semántico
  3. Planteamientos previos sobre las Polaridades
  4. Las polaridades en la Literatura
  5. Las polaridades en el Psicoanálisis
  6. Las polaridades en el Existencialismo
  7. Conclusión
  8. Las Polaridades en los escritos teóricos de la Terapia Gestalt
  9. Escritos de Perls posteriores a 1951
  10. ¿Escribió Laura Perls sobre las Polaridades?
  11. Perls, Hefferline y Godman: Gestalt Therapy. Excitement and Growth in the Human Personality (1951)
  12. Las polaridades según otros teóricos y terapeutas gestálticos
  13. Conclusión
  14. Cómo trabajar con las Polaridades en Terapia Gestalt
  15. Métodos de trabajo con Polaridades a partir de escritos de Terapeutas Gestálticos
  16. Conclusión
  17. Bibliografía
  18. Notas

Imagen de uaeincredible vía Flickr

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