Repensando el concepto de maternidad

Introducción

El presente trabajo pretende generar un espacio de reflexión acerca de las historias sociales dominantes en torno a la maternidad, ya que éstas han influido a lo largo de la historia en la construcción de ser madre y que, en las últimas décadas, ha sido un tema en cuestión por diversas disciplinas como las ciencias sociales.

Se realiza un breve recorrido histórico acerca de las historias dominantes (término acuñado por White y Epston en 1989 para referirse a historias restrictivas que no abarcan todas las partes de la experiencia de una persona) en torno a la maternidad y cómo esto impacta en distintas esferas, desde el concepto mujer, el espacio familiar, hasta el ámbito en espacios sociales y/o políticos. Se busca con ello reflexionar en las nuevas formas de repensar la maternidad como un ejercicio de toma de decisión en la vida de una mujer.

Los discursos de la maternidad a través de la historia

El concepto de maternidad no ha significado siempre lo mismo, éste se ha definido de acuerdo a las necesidades que cada época ha referido (Palomar, 2015).

Incluso, se puede considerar que las crisis sociales han causado impacto a la forma en que se ejerce la maternidad. Se observan entonces, actitudes específicas de lo que es ser madre de acuerdo a la historia o discurso predominante en ciertos momentos históricos o sociales.

Palomar (2005) toma como referencia las descripciones de Knibiehler acerca de algunos momentos en la historia de la maternidad en Occidente:

  1. Refiere que en la antigüedad la palabra “maternidad” no existía en griego ni en latín y aunque sí existía la función materna, ésta no era estudiada por la filosofía, en la baja edad media la prioridad era la compensación de la elevada mortalidad por lo que lo importante era parir muchos hijos.
  2. Aparición del término maternitas en el siglo XII, acompañada también del término paternitas empleado por los clérigos para determinar las funciones de la iglesia. En esta época comienza a observarse el papel de educadora de la madre.
  3. En la ilustración comienza a surgir el concepto de “buena madre” que está sometida al padre, pero resulta apropiada para la crianza. Inicia también el surgimiento del “amor maternal” como parte de la relación afectiva y de la “función materna”.
  4. El estado asume la autoridad sobre el padre en relación a la función materna comenzando con las políticas de natalidad con movimientos que definen la maternidad como deber patriótico y condenan el aborto, Knibiehler sostiene que esas políticas se confirman con la ola del baby boom.
    Oiberman (2005) refiere que, derivado de la crisis producto de los conflictos bélicos del siglo XX, las dificultades económicas hicieron que muchas mujeres tuvieran que salir del hogar para trabajar y tener un ingreso económico, sin embargo, el mensaje parecía ser: las mujeres, trabajen o no lo hagan, tienen que ser primero madres y adquirir a su vez un papel social y político. Así es que surge la mujer asalariada y con ello las guarderías y los avances psicológicos sobre la importancia del afecto.
  5. La quinta etapa propuesta es la relacionada al umbral del siglo XXI en relación a un debate sobre la maternidad y el surgimiento del feminismo que busca el control de la fecundidad.
    Obeiman (2005) menciona que estos discursos vienen enfatizados a través de políticas públicas, y que en las sociedades occidentales posmodernas aparecen dos sucesos que han influido en la historia de la maternidad: los estados de bienestar y el desarrollo de las ciencias biológicas, ya que los métodos anticonceptivos han permitido que la maternidad se conciba como una elección.

Al considerar la maternidad como una elección, el lenguaje comienza a ser no determinista y la función materna deja de ser una obligación para convertirse en una alternativa.

Es en este proceso, donde surgen los principales cuestionamientos acerca del discurso social que centraba la maternidad como una de las funciones prioritarias de la mujer, esto es, se comienza a cuestionar la historia dominante de la maternidad como función indispensable en el ser mujer y la realidad que cada persona construye socialmente con estos elementos.

Aportaciones sobre la construcción social de la maternidad

Así como el lenguaje desde el construccionismo social determina que vivimos en actividades sociales donde éste forma parte de esas actividades y que influye para la construcción de la realidad del individuo (Agudelo y Estrada, 2012), es este mismo lenguaje social el que ha construido el concepto de maternidad atendiendo a un discurso dominante, que ha comenzado a ser cuestionado.

Se cuestiona, por ejemplo, el discurso de la maternidad como algo instintivo o desde la maternidad como la única ventana para tener o ser parte de una familia.

Esto lleva a repensar también frases populares como: “si no tienes hijos eres egoísta”, “es para empezar tu familia”, “quien te va a cuidar cuando estés grande” o “te vas a arrepentir después” que son las formas de lenguaje usuales, donde el mensaje parece ser que la maternidad es natural, sin embargo, de acuerdo a Palomar (2005) la maternidad no es un hecho natural, es más bien una construcción multideterminada, que se define por lo que un grupo social específico requiere y por la época en que éste se encuentra.

Este discurso es definido por prácticas sociales las cuales conforman un imaginario que tiene dos elementos esenciales: el instinto materno y el amor materno (Badinter, 1980 y Knibiehler, 2001 como se citó en Palomar, 2005).  

 Sánchez (2016) cuestiona el discurso del “instinto materno”, puntualizando que “los argumentos sustentados en la postura biologicista tienen de fondo universalizar un modelo de maternidad que invisibiliza las condiciones históricas que han ceñido las prácticas maternas. Es decir, es una construcción social.” (Sánchez, 2016. Pp. 923-924).

 Si consideramos entonces, que los seres humanos no sólo respondemos a determinantes biológicos sino también pertenecemos a un contexto cultural, social, relacional, etc. el discurso del instinto maternal se vuelve reduccionista y poco aplicable, ya que “La cultura no es un complejo transmitido biológicamente” (Benedict, como se citó en Sánchez, 2016, pp.926).

Estos discursos, que constituyen la construcción de la realidad tienen relación además con situaciones de poder. Sánchez (2016), refiere que la maternidad debe comprenderse desde una visión de dominación simbólica.

Es decir, quien ejerce el poder decide emplear un lenguaje para construir el rol de la mujer ligado al de la maternidad.

Uno de los movimientos que ha impulsado la deconstrucción del concepto de maternidad y el cuestionamiento del discurso predominante es el movimiento feminista, que retoma estudios e investigaciones desde la antropología y otras ciencias sociales.

Palomar (2005) menciona que las aportaciones de Simone de Beauvoir en 1952, sirvieron a las feministas para señalar a la maternidad como fuente de devaluación de la mujer; acto seguido continuaron nuevas perspectivas o discursos por parte de este movimiento brindando visiones alternativas de la maternidad.

Surge después una segunda ola del movimiento feminista, de generaciones de mujeres luchando por el derecho de decidir acerca de su maternidad, su sexualidad y su vida compartida con un hombre (Alcalá, 2015).

Consecuencias del discurso dominante

El discurso dominante de la maternidad ha traído consecuencias en las mujeres, Palomar (2004) habla de efectos múltiples, por ejemplo, convertirse en madre sin cuestionar las razones de ello, incluso las circunstancias para ellas y para el contexto en el que se desenvuelven.

Es decir, existe la posibilidad que el discurso prevalezca sobre el pensamiento crítico y con ello se tomen decisiones de vida de una mujer que puede convertirse en madre en situaciones poco favorable para el desarrollo de ella y de su hijo/a, estas situaciones pueden incluir desde la estabilidad emocional hasta la situación económica o social.

Lo que se presente es evidenciar el efecto de estas construcciones acerca de la maternidad y observar cómo las mujeres negocian estas premisas que devienen en el ejercicio de su maternidad, incluso calificándolas como madres “buenas” o “malas” (Palomar, 2004).

Además, otra de las consecuencias podría ser la posibilidad de no considerar otras facetas también importantes de la mujer como profesionista, como pareja, emprendedora, etc.

Conclusiones

El construccionismo social parte de la premisa que las situaciones externas influyen en la forma en que se construye la realidad de cada individuo (Agudelo y Estrada, 2012), es por ello, que hablar de maternidad nos invita a reflexionar acerca de los discursos y del lenguaje que la rodean, y la forma en que esto impacta en la vida de una mujer y su contexto.

El concepto de maternidad a lo largo de la historia ha estado ligado a una función inherente del ser mujer, esto ha venido a guiar, incluso a determinar la realidad que se construye desde esta posición y las expectativas que de ella se tiene.

Los movimientos históricos y políticos han venido a cuestionar la maternidad proponiendo un discurso donde ésta pueda ser una alternativa, invitando a construir una realidad distinta, en la que puede o no existir el deseo de ser madre sin sentir por ello culpa, dando pie a nuevas historias también dignas de ser contadas.

Finalmente, esto puede influir en la creación de espacios de cuestionamientos acerca de las nuevas formas de familia, y nos invita a reflexionar acerca de la paternidad y los discursos que sobre ésta prevalecen, tema que puede tocarse en otro espacio de reflexión.

Referencias bibliográficas

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