Sin dejar que mi pareja se vaya

Suena la alarma del celular, 8 a.m., maldita alarma, maldito celular, maldito día…

Entre cansancio y confusión onírica, sin entender aún si estoy soñando o es algo real, siento que no estoy sola en ese cuarto, que no es ese mi cuarto, que no son el color de las paredes que todos los días me adormecen y como herida por una gran aguja imaginaria en mi pecho, volteo asustada para ver quién es mi acompañante; mi corazón late a mil, mis manos tiemblan e inmediatamente reconozco esa espalda caída, esa forma peculiar de la cabeza, ese ritmo de respiración.

Mi corazón se regula nuevamente y una alegría extraña recorre todo mi cuerpo, ¡me siento tan dichosa!

Acerco mi cuerpo suavemente para que no se despierte, por lo menos no bruscamente y recorro con mis manos sus brazos, coloco mis labios en su cuello y le doy un beso suave mientras agradezco a Dios porque mi pareja está aquí, está conmigo.

Intento acurrucarlo con mi cuerpo para que se sienta feliz de estar conmigo, quizá así logre conseguir que se dé cuenta que es a mi lado donde debe estar y decida no irse nunca más. Le digo al oído que lo amo, no sé si me escucha, pero tengo la esperanza que aunque sea lo escuche entre sueños.

Por un instante el miedo regresa a mí y me imagino que quizá este soñando, que sea irreal y que es tanto mi deseo de que este ahora a mi lado que mis fantasías recrean el hecho para darme un modo de compensación a mi triste realidad, mientras esos pensamientos atroces pasan por mi cabeza, una voz me trae nuevamente a la realidad…

  • Hola amor, ¿cómo ha amanecido? –

No hay palabras que puedan describir la dicha que siento cuando escucho lo que dice, si el cielo y el infierno existen, pues definitivamente mi alma estaba en contacto con la gloria, la dicha me embarga y mi respuesta es abrazarlo, abrazarlo fuerte hasta que mis brazos duelan, rezando en silencio para que no sea un sueño.

  • Que cariñosa estas hoy, ¿qué has soñado? – comentó, mientras su mirada me envolvía.

Trataba de pensar que había soñado, quería contarle uno de mis sueños fantásticos, llenos de colores y de cosas extrañas que puedan divertirlo, pero solo recordaba uno que otro, que por cierto no eran nada agradables, quería decirle, soñé que te perdía, soñé que te alejabas, soñé que me dejabas sola, soñé que me moría de dolor… quería decírselo, pero callé, lo abrace una vez más y le dije, “soñé contigo”.

  • Vamos a desayunar, muero de hambre, ayer cene poco y esta vez deseo un buen desayuno; vamos, cámbiate.

Me levanto y me pongo linda, lo más linda que puedo, escondo mis imperfecciones, resalto mis atributos, sonrió mientras lo veo alistarse para salir, se ve tan lindo, se ve tan tranquilo y es todo mío.

Bajamos a desayunar y mientras transcurren los minutos poco a poco voy convenciéndome que no es un sueño, que todo es real; el desayuno es delicioso, escucho sus conversaciones, yo no paro de hablar, hago preguntas, me rio, me enojo, reclamo, y me vuelvo a alegrar. Soy muy feliz.

Escucho como hace planes a futuro cercano, mientras yo en mi cabeza hago planes a un futuro muy lejano: cuando seamos viejos, cuando tengamos hijos, cuando la gente que nos vea caminar digan que pareja tan linda y los dos canosos, avancemos agarrados de la mano, caminando muy lento y riendo.

Y pasa el día entre risas y cosas serias, mi mente se convence que es cierto y mi ser es feliz, mi alma esta completa, aprovecho cada instante para abrazarlo, para decirle que lo amo… aprovecho para sentirme suya una vez más, para conectarme en forma divina y única, para sentir gozo… y así acaba el día.

Recorro con mis manos su espalda, sus brazos, coloco mis labios en su cuello y le doy un beso quieto diciéndole que lo amo y así me quedo dormida, esperando soñar algo lindo, que complemente lo feliz que soy en ese instante.

Suena la alarma del celular 8 am, que linda canción, bendito celular, bendito día…

Extiendo mis brazos para sentirlo y empezar a despertarlo suavemente con mis besos, mis manos y mis palabras al oído… pero no hay nadie.

Es el mismo cuarto de todos los días y estoy sola, no hay señales de que haya estado en algún momento allí… mi mente se desespera, mi corazón late fuerte, tengo ganas de vomitar.

Pero estuvo ayer conmigo” trato de regresar a tierra, “estuve con él”.

Salgo corriendo, ¿será que se fue temprano?, busco por todo el cuarto una carta, una señal; algo que me explique, pero es imposible… ¿Dónde está?

Pero ayer salimos, caminamos, nos besamos, me dijo que me amaba”… mis lagrimas corren, mi respiración se hace pesada.

… Y en ese momento siento como una espada atraviesa mi corazón, caigo en cuenta que quizá fue todo un sueño, mi alma se siente sola de nuevo y la desesperación regresa… “que es real, que no lo es”, o lo que paso ahora es un mal sueño, una maldita pesadilla de la cual en unos momentos me despertare y me daré cuenta que estoy a su lado y le contare todo lo que pasa, como sueño que no está, que me deja y como el infierno se hace carne en mi.

Me acuesto, cierro mis ojos y trato de dormir o de despertar, no importa si es sueño o realidad, solo me importa saber que está conmigo y que me ama.

Autora: Giuliana Vasquez Varas

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