Terapia humanista y el proceso de convertirse en persona

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Terapia humanista y el proceso de convertirse en persona

A lo largo de toda su historia, el ser humano se ha preguntado cuál es la naturaleza de este universo, a qué vino o hacia dónde se dirige. No obstante, los acontecimientos cotidianos y otros seres humanos nos cuestionan continuamente, de una manera o de otra, respecto a quienes somos nosotros mismos.

De alguna manera, tener certeza de quienes somos, de Quien Soy, sería una enorme ayuda cuando lo único que es seguro es el cambio perpetuo y cuando la incertidumbre nos espera a cada momento de la vida. Sin embargo, hasta ahora parece claro que la respuesta a esa pregunta no es única ni estática, y se escapa de las manos a la primera oportunidad.

Somos en y con nuestro mundo y lo acompañamos en sus eternos cambios, también cambiando. Somos de una manera como hijos, de otra como amigos y de otra como enemigos: hay quienes son capaces de sentir Amor, quienes pueden dar la vida por un ser querido, quienes son capaces de tomar la vida de otros, etcétera.

Desde una perspectiva amoral, esto podría verse como un simple juego de luz y sombra en el que todos participamos. No obstante, la observación del amplio rango de acciones que el ser humano puede realizar le ha llevado también a distinguir entre aquellos que caracterizan su vida por acciones nobles o heroicas y aquellos que cometieron crímenes o bajezas, ambos dentro de un mundo de muchos, muchos otros que pasaron por esta tierra sin pena ni gloria.

Quienes han dado a su vida el cauce que han querido y han beneficiado con ello a su comunidad, han recibido diversos nombres, desde hombres santos, hasta héroes, mártires, etcétera, y partiendo de la lectura de diversos teóricos, también encontramos la revaloración de la palabra “Persona” (con mayúscula) como una manera de ser y hacer en el mundo.

Es desde aquí que en el presente ensayo se hará un breve recuento de algunas de las nuevas ideas que se trataron a lo largo del curso, tomando como punto de partida algunas preguntas como ¿quiénes somos? ¿qué es ser Persona (con mayúsculas)?.

La respuesta del Humanismo

Si este tipo de preguntas se han formulado a lo largo de siglos y milenios, es natural pensar que existen numerosas respuestas, dentro de las que el Humanismo es una de las relativamente más recientes y que a mi juicio ofrecen un panorama promisorio a quienes se interesen por ella.

En el principio…

La respuesta humanista parte de una característica presente en quienes se han cuestionado con seriedad sobre quiénes son en este mundo. Algunos le llaman angustia existencial y otros simplemente incomplitud, pero es el paso fundamental con el que inicia toda búsqueda interior: el reconocimiento de que algo nos falta de que algo no está completamente bien dentro de nuestro marco de realidad, y que somos nosotros mismos los únicos que podemos intentar solucionarlo.

En palabras de Paulo Freire, “el inacabamiento del ser o su inconclusión es propio de la experiencia vital. Donde hay vida, hay inacabamiento”1. En este sentido es posible hacer muchas conjeturas, pero a mí me parece que el reconocimiento (y no la negación) de nuestra incomplitud abre las puertas a nuevas posibilidades de realización.

Dicho en otras palabras, quien niega su inacabamiento se niega también la posibilidad de conocer de qué puede ser capaz.

El vaso medio lleno o medio vacío

Hablar de incomplutid podría fácilmente desanimar a algunas personas o ser justificación simplista para quedarse en la comodidad de lo conocido y en la tranquilidad de lo similar, pues hablar de lo Completo sería equivalente a hablar de perfección y el ser humano es, por naturaleza, imperfecto. Así, encontramos dichos populares como aquel que reza “más vale malo por conocido que bueno por conocer”.

Observando esta misma situación en otras latitudes y tiempos, Abraham Maslow afirma que:

“La normalidad sería más bien una especie de enfermedad, mutilación o atrofia que compartimos con todos los demás y que, por lo tanto, no advertimos. (…)

“Las pérdidas cognoscitivas [la pérdida del placer, de la alegría y del éxtasis], la pérdida de competencia, la incapacidad para relajarse, el debilitamiento de la voluntad, el temor a la responsabilidad, todo esto se considera como disminuciones de la humanidad”2.

¿Qué estamos diciendo cuando nos etiquetamos como “normales”? ¿Con qué nos conformamos día a día?

Es claro que la situación local y mundial que hoy aparece en los medios de comunicación masiva puede ser desalentadora. También es cierto que los tropiezos, errores y frustraciones de la vida pueden hacer muy tentadora la “alternativa” de conformarnos con lo que hasta el momento se haya logrado; sin embargo, también es una elección personal la manera de responder a nuestras circunstancias personales y sociales.

En búsqueda de ser auténticos

Desde mi perspectiva, una manera de transitar de la pasividad conformista a la aceptación fértil, nos la ofrece Carl Rogers, quien enfatiza la importancia de la autenticidad3 como guía de su crecimiento personal y como método de su psicoterapia centrada en el cliente.

La autenticidad implica sabernos realmente incompletos, y aceptar esta condición como el campo que hemos venido a llenar con nuestra caligrafía única, con el conjunto de notas que sólo cada uno conoce y sabe tocar.

Ser auténtico también implica darle la cara a aquellas actitudes que me molestan, me avergüenzan o me desagradan de cualquier manera, sabiendo que hoy, también soy eso, y que ahí se encuentra la semilla de un conocimiento más completo de mí mismo.

Aceptar esta condición con la esperanza que propone Paulo Freire es clave para que la semilla de la autenticidad se nutra adecuadamente.

De alguna manera es posible pensar que la búsqueda de la autenticidad puede verse como un soporte interior, como una guía al transitar por este mundo en perpetuo cambio.

No obstante, si en efecto le pudiésemos llamar así, también habría que reconocer que ofrece por lo menos dos enormes oportunidades: la de irnos conociendo cada vez más a partir de una constante revisión de la congruencia entre lo que sentimos y hacemos por un lado, y la de sentirnos respaldados en nuestro actuar cotidiano, que sin duda facilita que nos atrevamos a explorar nuevas posibilidades.

Bibliografía

  • Freire, Paulo; “Pedagogía de la autonomía. Saberes necesarios para la práctica educativa”; Ed. Siglo XXI; México.
  • Maslow, Abraham; “La neurosis como deficiencia del desarrollo personal” en La amplitud potencial de la naturaleza humana; Ed. Trillas; México.
  • Rogers, Carl; El proceso de convertirse en persona; Ed. Paidós; Barcelona.

Notas

  1. Paulo Freire, “Pedagogía de la autonomía”, Cap. 2
  2. Abraham Maslow; “La neurosis como deficiencia del desarrollo personal”.
  3. Carl Rogers; El proceso de convertirse en persona; Ed. Paidós; Cap. 3

Datos para citar este artículo

Francisco Aguirre S.. (2012). Terapia humanista y el proceso de convertirse en persona. Recuperado de Irradia Terapia México. https://psicologos.mx/terapia-humanista-y-proceso-de-convertirse-en-persona.php

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