6. Evidencia empírica

En su exposición de 1959, Rogers presenta algunas pruebas empíricas favorables a su teoría. Los trabajos en ellas expuestos son fundamentalmente los mismos que los presentados en 1951 como evidencia de los cambios terapéuticos. Pero además se hace mención de otros trabajos importantes de la terapia centrada en el cliente, y sobre todo, de un nuevo instrumento para el estudio del concepto del «sí mismo». Lo que antes no había podido ser medido más que de modo indirecto —es decir, mediante el estudio de las actitudes relativas al self—, ahora es accesible a una investigación más directa. La técnica Q, desarrollada por Stephenson como técnica estadística (cfr. 477), proporciona a los rogerianos la posibilidad de conseguir unas distribuciones —las distribuciones Q—, capaces de reflejar empíricamente conceptos tan abstractos como el del «self» o el «self ideal». Comparando las diversas distribuciones estadísticas de frases relativas al self y al ideal, pronunciadas por el sujeto, era posible medir los efectos de la terapia sobre los cambios en tales distribuciones. Sólo era preciso comparar el índice de correlación estadística entre las diversas distribuciones de tarjetas o frases, y ver si aumentaba o disminuía en función de la terapia. La investigación sobre los efectos de la terapia llevada a cabo por los rogerianos en la universidad de Chicago durante los primeros años de la década de los 50, y resumida en el libro titulado «Psychotherapy and personality change» (72), es la mejor expresión de estos intentos de estudiar empíricamente el «concepto del sí mismo».

Pero el otro concepto capital de la teoría rogeriana, el de la «experiencia del organismo» permanecía en la oscuridad y seguía inaccesible a la investigación. ¿No habría modo de verificarlo empíricamente y demostrar de este modo el concepto de congruencia entre el self y la experiencia? La tarea era difícil, y de hecho esta dificultad de verificar empíricamente el concepto de la experiencia será uno de los factores que impulsarán a la teoría de Rogers hacia derroteros más existenciales. Pero a pesar de la dificultad, los rogerianos intentaron acercarse a este concepto mediante el uso de la técnica Q. Así, por ejemplo, Butler y Haigh (242) dieron por supuesto que la distribución del «self ideal» correspondería al concepto de experiencia orgánica, mientras que la del «self real» representaría al «concepto del sí mismo», y compararon ambas distribuciones con vistas a medir los cambios operados por la terapia en las mismas.

Chodorkoff (272) en un trabajo sobre la defensa perceptual, define operativamente el término «experiencia» de acuerdo con la distribución de frases relativas al self del cliente hecha por el terapeuta. En el fondo, esta distribución no pretende otra cosa que describir operativamente a la persona desde la perspectiva del clínico. Pero se supone que tal descripción será una representación operativa de las experiencias reales del cliente. Para tener una idea de la congruencia entre el self y la experiencia del cliente, bastaba con calcular el índice de correlación existente entre la distribución de tarjetas o frases realizada por el clínico, y la realizada por el cuente.

Pero lo más valioso del trabajo del Chodorkoff son sus conclusiones relativas a la defensa perceptual. El tema de la defensa era muy importante para Rogers. Dado que casi todas investigaciones dependían casi exclusivamente de los informes verbales del cliente, y dado que estos podían verse afectados seriamente por las distorsiones y falsificaciones tanto conscientes como inconscientes, se hacía necesaria una demostración empírica de su validez y fiabilidad. Para ello el mejor camino consistía en la demostración de la no interferencia de los mecanismos defensivos en los informes del cliente. Con estos fines y objetivos, Chodorkoff estableció las siguientes hipótesis: a) cuanto mayor sea la congruencia entre el self y la experiencia, tanto menor será el grado de defensa perceptual mostrado por el cliente; b) cuanto mayor sea la congruencia entre el self y la experiencia, tanto mayor será la adaptación del cliente, medida conforme al criterio clínico ordinario; c) cuanto mayor sea la captación de la persona, tanto menor será su defensa perceptual.

Para verificar tales hipótesis, Chodorkoff dio las siguientes definiciones operativas: «el self» es definido conforme a la distribución Q hecha por el cliente de las frases parecidas a él mismo. La «experiencia», como vimos, es definida conforme a la distribución Q hecha por el terapeuta de arreglo con el parecido que las frases tienen, a su juicio, con el cliente. La defensa perceptual es medida según las diferencias en el tiempo de reconocimiento de dos tipos de palabras presentadas taquitoscópicamente. Se midió el tiempo de reconocimiento de unas palabras neutras, y luego el de otras amenazantes. La diferencia entre ambos tiempos de reacción constituye una medida de la defensa.

La experiencia empírica confirmó plenamente las hipótesis de Chodorkoff. Con ello, la teoría rogeriana de la personalidad quedaba confirmada por el método científico. La teoría rogeriana, a pesar de sus ataques al punto de vista objetivo de la psicología, buscaba una validación empírica.

Indice:

Acerca de este documento:

Autor: José M. Gondra Rezóla. "La psicoterapia de Carl R. Rogers. Sus orígenes, evolución y relación con la psicología científica" Capítulo V. Ed. Desclie de Brouwer, 1981.

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